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viernes, septiembre 4, 2026

Opinión: La Expoferia, un concepto sin cultura

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La Expoferia, un concepto sin cultura

Por: José Eder Toledo Cubillos

Investigador Cocinas Tradicionales

Mi hija ya balbucea las primeras palabras. Y para los primeros días de mayo, ella ya había escuchado la palabra “feria”, que según el Diccionario de la Real Academia Española en sus trece acepciones la definen como aquel espacio de mercado, pero me quedo con esta: “Mercado de mayor importancia que el común, en paraje público y días señalados”. En Garzón, la denominaron trigésima cuarta Expoferia Garzón 2019, cuando mi hija me pregunte por la palabra “Expoferia” creo que tendré un problema de definición, no está en nuestro Diccionario, o será que debo pedirles a los organizadores su diccionario.

Yo quería que mi hija guardara poco a poco lo que es una feria en un municipio que es una despensa del centro del Huila. Es decir, ella en sus pasos cortos e inseguros, sintiera ese olor del campo, de las ollas de barro, de la madera, de la tierra, de la boñiga y excrementos de los animales que traen para “mostrar” que nuestros campos son ricos y variados en la consolidación del quehacer campesino. Permítame que utilice ciertas palabras de mi región, pero es que me inspiran, ya que la enunciada “Expoferia”, no lo hizo.

Agarré la mano de mi pequeña hija con el orgullo de mostrarle la expresión de las comunidades, y el primer escenario, fue ese toldo de colores que atolondran el paladar, los dulces en todas sus variedades y formas; como olvidar ese pegajoso caramelo con maíz, las panelitas, las melcochas, una verdadera fotografía que no puede faltar en una feria. Nos fuimos entrando por las zonas de las muestras agropecuarias, y unas que llaman, agroindustriales (creo que es una burla o un disimulo a la ausencia de un Estado que no logra apoyar en la mejora de los procesos campesinos), se me iluminó la memoria cuando me encontré con un ejemplar de la yuca, además de muestras de los huevos, frutas típicas del territorio. Pensé. El recorrido será un viaje a la memoria, de niño tengo retazos de otra feria.

En el recorrido se encontraron variedad de productos que se están trabajando en las zonas campesinas de Garzón, además de procesos que no tienen nada que ver con el territorio, pero como es una feria, no hay problema. Por el lado de las muestras de las especies menores, mi hija miró, tocó, escuchó y oleó las diferentes clases de gallinas, patos, cuyes, cabras, entre otras. Claro, la muestra agropecuaria debe ser acorde con la muestra de la cocina de la región. Aquí la historia tiene otro sabor. ¿Cuándo llegará el día que los organizadores incluyan y tengan presente que la cocina campesina es fundamental en la construcción de la identidad de un territorio?

Las pocas ventas de comida no tenían nada de relación con la muestra de la “Expoferia”. Una feria o un mercado de la región tienen un sentido cultural cuando el espectador o comensal reconoce que hay una trazabilidad del campo a la mesa. Espero que mi hija no me pregunte cómo se cultivan los “perros calientes”. Las muestras de los mercados de la región no se pueden quedar en la aplastante imagen del tamal, lechona y asado. No señores. Allá en las veredas se tiene un cumulo de conocimiento gastronómico que se debe mostrar; innumerables técnicas de preparación que no deben dejarse a un lado por las nuevas máquinas que ofrecen ciertas marcas en la “Expoferia”. Se tiene que ejecutar proyectos y propuestas que nos lleven por los caminos no de la modernidad que hace olvidarnos, sino proyectos e incursiones en traer al paladar de dónde venimos. Garzón debe volver a mirarse desde lo cultural, y una forma es soplando los fogones. No apagándolos.

Estas ferias son la ventana. La vitrina cultural de la región. Son en esos los espacios en los que debemos mostrar lo que hemos sido y podemos ser desde nuestro territorio. Instituciones que acompañan la organización, pero ninguna ha tenido la mirada por los fogones del municipio, instituciones educativas con programas de cocina vendiendo y ofreciendo productos que no tienen el sello del territorio, aún no se han pensado el municipio. Que vendan “donas” pero que estén los panes de manteca. Que vendan lo que quieran pero que también sean responsables y respetuosos con los oriundos y turistas que se preguntan: “qué comen aquí”.

A mi hija, solo le susurré, esto parece el Templo de Jerusalén, que salgan los mercaderes y llegué la Cultura, y si llegan los mercaderes que sean con visión de Cultura.

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad 
personal y no comprometen la línea editorial ni periodística de La Voz de la Región.
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