Flor Alba Núñez, una receta a la eternidad

Muchos conocieron la cocina de la escritura de la periodista Flor Alba Núñez. Sus reportajes sobre las realidades del territorio y la fuerza de sus palabras le dieron sazón a un periodismo independiente. Sin embargo, este texto se acercará a otra de las facetas de Flor Alba, la gastronomía en la construcción de una periodista.
No, Flor Alba, no practicó un periodismo gastronómico. No obstante, el espacio de la cocina fue un caldo de ideas para materializar los sueños tanto personales como familiares, afirma, la cocinera Oliva Núñez. Ingresar a la cocina es un camino, quizás corto, para comprender al Otro, a la Humanidad. En la cocina se llega por la curiosidad, “fisgoneando” que revuelven en las ollas o escuchando las narraciones que se tejen en dicho espacio. Flor Alba tenía ese ingrediente, la curiosidad y la capacidad de tejer historias a través del periodismo.
Narra su mamá, Oliva Núñez, que Flor Alba inició con la preparación de las empanadas para la venta cada fin de semana después que regresaba de la emisora en San Agustín, porque ella creía que las cocinas populares y campesinas son un renglón importante en la economía de las familias. Y, fue así como comenzó a solventar los gastos de sus estudios. ¿Quién le enseñó a cocinar?, las dinámicas de las familias campesinas permiten que desde niñas se transmitan los conocimientos culinarios a través de la palabra y la práctica de la mamá; y eso, no solo fue en la niñez, el permanente diálogo fue nutriendo la curiosidad que permitió conocer las preparaciones de la región.
Escuchar la faceta de Flor Alba como cocinera y comensal permite comprender el tejido de lo que era como periodista como hija y hermana. Doña Oliva narra de aquellos diálogos gastronómicos que tenía con ella, no narra bajo un tono del pasado ni mucho menos en los grisáceos manteles de la tristeza, quizás la nostalgia de las voces retumba en la memoria de las cocinas, pero dibuja aquella comensal bajo la fuerza del sabor del territorio. Aquel sancocho de gallina con el plátano en grandes trozos o los patacones que tanto le pedía, la carne en salsa, entre otras preparaciones, que permite conocer la fuente de la fuerza de las palabras de Flor.
Aquel 09 de septiembre de 2015, Flor Alba y su mamá llegaron a Pitalito para seleccionar la baldosa y enchape para remodelar la cocina. Flor Alba comprendió que el espacio de la cocina para su mamá era importante, fundamental para el bienestar de todos, no solo por lo económico sino porque ahí, entre delantales y ollas y soplos de leña, la sazón del amor que irradia doña Oliva debía conocerlo la región.
Después de aquel día, la cocina no se enfrío. Siempre estará una braza y un tizón para narrar lo que ha tejido las cocinas.
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