34.9 C
Neiva
viernes, septiembre 4, 2026

Opinión: El dolor que se vive en las calles de Pitalito

Más leídas

Por: Luz Neida Parra Achury  

Estudiante 3 semestre Comunicación Social y Periodismo 

Universidad Surcolombiana – Pitalito

Caminar por las calles de Pitalito y encontrarse con personas pidiendo monedas se ha convertido en una escena cotidiana. Adultos mayores, personas enfermas y habitantes de calle permanecen durante horas en andenes, parques y esquinas esperando la solidaridad de quienes pasan frente a ellos. Lo más preocupante no es solo que esta realidad exista, sino que muchos ya la consideran normal. Nos hemos acostumbrado tanto al sufrimiento ajeno que dejamos de preguntarnos por qué ocurre y quién debería responder por ello.

Esta situación no es una simple percepción. Las cifras muestran que detrás de cada persona que pide ayuda existe una problemática social profunda. En Colombia más de 34.000 personas viven en situación de calle, según los últimos censos del DANE. Además, uno de cada cinco adultos mayores vive en condiciones de pobreza y apenas una cuarta parte cuenta con una pensión. En el Huila, la situación también es alarmante: más de 150.000 adultos mayores aún no están vinculados a programas sociales como Colombia Mayor o el Pilar Solidario. Estos datos evidencian que miles de personas enfrentan la vejez y la vulnerabilidad sin el respaldo suficiente del Estado.

La realidad se hace aún más evidente al observar casos concretos en Pitalito. Cerca al Banco de Occidente, por ejemplo, suele verse a un hombre sentado en el andén pidiendo ayuda económica. Personas del sector aseguran que su propia familia lo obliga a mendigar para conseguir recursos para el hogar. Aunque resulta difícil verificar completamente esta versión, la historia refleja una realidad frecuente muchas personas llegan a la mendicidad no porque lo deseen, sino porque las circunstancias las empujan a ello. La pobreza, el abandono familiar, la enfermedad y la falta de oportunidades terminan convirtiéndose en una condena silenciosa.

Otro aspecto preocupante es la indiferencia social. Muchos ciudadanos observan estas situaciones y continúan su camino sin prestar atención. Con el tiempo, las personas vulnerables se vuelven invisibles para la sociedad. Sin embargo, ignorar el problema no significa que desaparezca. Al contrario, la indiferencia contribuye a que la situación se mantenga y se agrave. Cuando dejamos de indignarnos ante el sufrimiento de otros, también dejamos de exigir soluciones a quienes tienen la responsabilidad de ofrecerlas.

Aunque el Huila ha mostrado avances importantes en algunos indicadores sociales, todavía existen profundas desigualdades. Municipios como Pitalito enfrentan dificultades para garantizar una cobertura suficiente de programas de atención social, especialmente para adultos mayores, personas con discapacidad y habitantes de calle. Muchas de estas personas no reciben atención médica adecuada, apoyo psicológico ni oportunidades reales para mejorar sus condiciones de vida.

Por esta razón, considero que tanto el Estado como la comunidad tienen una deuda pendiente con quienes viven en condiciones de vulnerabilidad. La ayuda individual y la caridad son valiosas, pero no pueden reemplazar políticas públicas sólidas. Se necesitan programas de atención integral, refugios dignos, acceso a servicios de salud, acompañamiento psicológico y estrategias que permitan la reintegración familiar y social de quienes han sido excluidos. Además, es fundamental fortalecer la cultura de la empatía y la solidaridad dentro de la comunidad.

Las calles de Pitalito son el reflejo de una realidad que no podemos seguir ignorando. Detrás de cada mano extendida hay una historia de necesidad, abandono o sufrimiento. Los datos demuestran que no se trata de casos aislados, sino de una problemática social que afecta a miles de personas en Colombia y en el Huila. Como ciudadanos, tenemos la responsabilidad de mirar más allá de la costumbre, recuperar la sensibilidad frente al dolor ajeno y exigir acciones concretas que permitan construir una sociedad más justa y humana. Mirar hacia otro lado no resolverá el problema; solo nos hará más indiferentes frente a una realidad que algún día podría tocar a cualquiera.

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal y no comprometen la línea editorial ni periodística de La Voz de la Región.
- Advertisement -spot_img
- Advertisement -spot_img

Últimas Noticias

- Advertisement -spot_img