Conmemorando a la mujer cocinera

Por: José Eder Toledo Cubillos.
Investigador Cocinas Tradicionales
Estimada cocinera
Espero que le estén leyendo está carta. Sé de sus innumerables ocupaciones en la cocina. Por eso, mientras va cortando, sazonando, revolviendo, “echando” a la olla esos “trozos” de yuca, escuche mis palabras. Hoy no es el día del cocinero, ni tampoco creo conveniente adjudicar un día, ¿acaso se come un solo día? Escribo estas palabras como una forma de agradecimiento por lo que usted logra en la cultura de la comunidad. Perdóneme que sea sincero, usted no firma ni gestiona desde un escritorio los recursos para mantener una característica de la identidad de la región. Su escritorio es más hermoso, su escritorio logra reunir los saberes y sabores de lo que hemos sido y de lo que podemos ser: el mesón es su lugar de trabajo en el que logra unir la memoria colectiva de los comensales. Discúlpeme que les preste el mesón a los que “estructuran” programas culturales, esperamos que al menos reconozcan un haba o cubia de una ibia o de una ruba, si lo hacen entonces iremos a cocinar cultura.
No me baje la mirada cocinera, conozco su humildad y la generosidad de sus manos. Me hubiera gustado ir donde cada una de ustedes a saludarla y darle ese abrazo de gratitud, ese abrazo que ustedes nos dan en cada bocado; usted mujer de manos mágicas, pulcras de conocimiento de su territorio, sus manos dadoras de humanidad, sus manos que nos guían en los sabores de la infancia, manos que han edificado y edifican sus familias merecen más que estás palabras. Y se estarán preguntando a que voy con esta carta: no es hoy, son todos los días, el esfuerzo es poco y ustedes lo saben, hemos insistido y seguiremos insistiendo en que reconozcan su esfuerzo y su lucha por mantener el paladar de la región.
Desde hace muchos años en los días de marzo, para no caer en momentos históricos, no se celebra, se conmemora el día Internacional de la Mujer Trabajadora. Usted tiene toda la razón, ustedes mujeres cocineras, las que trabajan en las plazas de mercado, las que desafían las normatividades, las que hacen cálculos y hacen caer en burlas las teorías de la administración, las que contabilizan no desde la razón porque la cocina tradicional no es pensada desde las arcas sino desde el alma, las que son agrícolas, las que utilizan las “yerbas” los menjurjes para cada situación, las que son sabedoras de la magia de las plantas medicinales, las que amasan, las que se apropian del espacio público, las que recorren las calles con sus cantos, conmemoran cada día a esa mujer trabajadora.
Querida cocinera, no es marzo, ni octubre, ni junio, el legado que ustedes nos dan perdura y soporta hasta las inclemencias de esos “nuevos” fogones; en sus miradas he conocido a sus abuelas, a las tías o madres que le dieron la curiosidad por las ollas, en sus miradas he sentido lo que es habitar la cocina. Ustedes mujeres trabajadoras no sólo están revolviendo y esperando el hervor de una preparación, ustedes van más allá de ver sentado a un comensal en el juego gravitacional de la cuchara, ustedes saben a qué me refiero.
Déjeme hacer una pausa, y disculpe que terminé el anterior párrafo de esa forma. Debo recordar sus palabras cuando les he preguntado: ¿Qué significa cocinar? Espero que el que este leyéndole esta carta haga una pausa para reflexionar lo que ha escuchado, al frente o al lado, se esconde unos párrafos de la historia que no quieren leer los que diseñan los programas culturales, mejor prosigamos: sus respuestas cocineras, hacen parte del trayecto de un río. Las piedras de los cauces han traído comentarios nefastos para degradar la función de la mujer cocinera en la sociedad, si bien la cocina ha sido una forma de subsistir en el contexto colombiano, ustedes lo han hecho con toda la entrega, como ustedes lo dicen: “la cocina es el espacio del amor”.
Le agradezco a su nieto, hijo o esposo que le haya leído la carta, me hubiera gustado saludar aquí a cada una de las cocineras que me han enseñado los fogones laboyanos. Sin embargo, la carta no ha sido de saludo, es una forma de conmemorar su lucha por mantener la identidad culinaria de la región. Seguiremos insistiendo en estas tierras desde el olor que viene con el río de Bordones hasta el filo de Chillurco, pasando por la cuchilla de San Isidro, los picos de la Fragua, el Alto de Bombonal para caer en la tulpa.
Señoras trabajadoras-cocineras tradicionales conmemoramos su esfuerzo en tiempos frágiles para la identidad culinaria.
Reciban un cordial y fraterno saludo de un hijo de campesinos que escribe por el sabor de su tierra.

