29.9 C
Neiva
lunes, agosto 24, 2026

Opinión: ¿Debe el poder político estar por encima del poder social, ambiental y patrimonial?  

Más leídas

Por: José Omar Peña Muñoz. 

Comunicador Social y Periodista. 

El desarrollo no puede confundirse con el cemento. 

En nombre del desarrollo se han construido carreteras, edificios, parques, plazas y grandes infraestructuras. Pero existe una pregunta que los gobernantes deberían hacerse antes de levantar una nueva obra: ¿qué necesita realmente una sociedad para desarrollarse? 

El desarrollo no puede confundirse únicamente con el cemento. 

Una comunidad también se desarrolla cuando tiene acceso digno a la salud, cuando sus niños reciben educación de calidad, cuando existen oportunidades para los jóvenes, cuando se protege el medio ambiente, cuando se conserva la memoria histórica y cuando las decisiones públicas cuentan con la participación de los ciudadanos. 

Por eso, el debate que hoy se presenta alrededor del proyecto denominado “Calle del Café”, que se está realizando en el parque La Valvanera de Pitalito frente al Colegio la Presentación, va mucho más allá de una obra física. Es un debate sobre la manera en que se toman las decisiones públicas, sobre la transparencia de la contratación, sobre el patrimonio y, especialmente, sobre qué entiende Pitalito por desarrollo. 

Modernizar no significa borrar la memoria,  

Hay una diferencia que parece sencilla, pero que resulta fundamental. 

La modernidad está relacionada con una visión de futuro; la modernización con la incorporación de transformaciones y nuevas formas de hacer las cosas. El modernismo, en cambio, puede asociarse también con determinadas expresiones culturales, estéticas, la moda y la renovación. 

Pero ninguna de estas ideas debería significar que lo nuevo tenga necesariamente que desplazar lo antiguo. 

El parque La Valvanera forma parte de la memoria urbana de Pitalito. Por eso, cualquier intervención sobre este espacio debería responder no solamente a criterios de infraestructura, sino también a una pregunta esencial: 

¿Cómo transformar el parque sin destruir aquello que representa para la historia y la identidad de los laboyanos? 

Pitalito necesita desarrollarse. Eso nadie lo puede discutir. Se necesita empleo, turismo, emprendimiento, mejores espacios públicos y oportunidades para la gente. Pero desarrollar una ciudad no puede significar únicamente construir. 

También hay que cuidar la memoria, el ambiente, el patrimonio y, sobre todo, la manera como se toman las decisiones que comprometen los recursos públicos. Por eso se hace referencia a este proyecto de «la calle del café» que contempla una intervención aproximada de 1.730 metros cuadrados y una inversión de $1.104. 602.210 millones de pesos.  

No se pretende cuestionar la obra. Lo que se pretende es poner sobre la mesa las preguntas que han surgido y, escuchar las diferentes posiciones. 

Porque cuando se trata de recursos públicos y de un espacio que pertenece a todos, preguntar no debería incomodar a nadie. 

— Una obra que tiene defensores y críticos 

La Administración Municipal, encabezada por el alcalde Yider Luna Joven, ha defendido el proyecto. Su argumento es que La Valvanera ha sido un espacio deteriorado durante años, y que la intervención busca recuperarlo, mejorar la seguridad, generar empleo, promover el turismo y fortalecer la cultura cafetera. 

El alcalde ha insistido en que el parque no será privatizado, que «transformar no es privatizar», que continuará siendo público, gratuito y abierto a la ciudadanía. 

Además, la propuesta busca impulsar los cafés especiales, el emprendimiento local y la identidad caficultora de Pitalito. 

Es una visión que debe ser escuchada. 

Pero también deben escucharse quienes tienen dudas. 

Veedores y colectivos ciudadanos han cuestionado la forma de contratación, la intervención del espacio público, el componente ambiental y la protección histórica del parque. Algunas de estas inquietudes también han llegado a los organismos de control. 

En medio de esas dos discusiones aparece el documento oficial de la Personería Municipal de Pitalito.  

La Personería abrió formalmente una acción preventiva para hacer seguimiento a la estructuración, contratación, financiación y ejecución del proyecto “La Calle del Café”. 

La actuación no significa que la Personería haya declarado que existe una irregularidad. Es una actuación preventiva. 

Pero sí demuestra que existen asuntos que la autoridad consideró necesario revisar. El documento señala que la  Personería solicitó a la Administración información detallada sobre el proyecto y pidió, entre otros documentos, los relacionados con el uso del suelo, planos, estudios, diseños, presupuestos, análisis técnicos y soportes presupuestales correspondientes a la intervención de los 1.730 metros cuadrados. 

Esto debería tranquilizar a todos. 

¿Por qué? 

Porque una obra pública no debería tenerle miedo a los documentos ni a las preguntas. 

¿Cuánto cuesta realmente y cómo se distribuyen los recursos? 

La documentación oficial que se ha podido revisar señala una transferencia de $1.104. 602.210 millones para el proyecto. 

Por otra parte, la convocatoria relacionada con la construcción específica de la Plazoleta del Café aparece por $1.003.405.625. 

La diferencia entre las dos cifras no permite, por sí sola, hablar de una irregularidad. Pero sí merece una explicación clara. 

¿Qué incluye el valor total? ¿Qué corresponde específicamente a la obra? ¿Qué recursos se destinan a administración, estudios, interventoría y otros componentes? 

Son preguntas sencillas. 

Y cuando se habla de dinero público, los ciudadanos tienen derecho a conocer las respuestas. 

— La contratación también merece explicación 

Otro de los puntos cuestionados por las veedurías tiene que ver con la selección de RAR Constructores S.A.S., relacionada con el Contrato de Obra No. 319 de 2026, por $1.003.405.625. 

Se ha cuestionado que la selección se haya realizado mediante invitación directa o selección privada y no mediante una licitación pública tradicional. 

Pero aquí también se requiere ser cuidadosos. 

Que un procedimiento no sea una licitación pública ordinaria, no significa automáticamente que sea ilegal. 

Lo que debe establecerse es cuál era el régimen aplicable, qué procedimiento se utilizó, por qué se escogió, quién tomó la decisión y cuáles fueron las garantías de transparencia y competencia. 

Si todo está ajustado a la ley, explicarlo públicamente debería ser lo más sencillo. 

¿Y qué pasa con La Valvanera? 

Aquí el debate se vuelve todavía más sensible. 

La Valvanera no es simplemente un espacio donde se puede construir. 

Es un parque que hace parte de la memoria de Pitalito. La información recopilada señala además que el POT lo contempla dentro de categorías relacionadas con conservación, espacio público y encuentro ciudadano. 

También existen antecedentes de protección histórica y arquitectónica que deben ser tenidos en cuenta, pero es  importante aclarar que, según la información obtenida, el Ministerio de las Culturas no ha declarado La Valvanera como Bien de Interés Cultural del ámbito nacional. 

Pero eso no significa necesariamente que el parque carezca de cualquier protección, y antes de entrar en una discusión política, lo que se necesita es conocer los conceptos técnicos y jurídicos que determinan qué puede hacerse y qué no puede hacerse en este lugar  

— Los árboles también importan 

La intervención ambiental es otro de los temas que preocupa a los ciudadanos. 

Algunos informes de prensa  señalan la existencia de permisos parciales de aprovechamiento forestal. 

Aquí tampoco se trata de afirmar que hubo una tala ilegal sin que una autoridad lo determine. 

La pregunta es mucho más sencilla: ¿cuántos árboles fueron autorizados para intervenir?, ¿por qué?, ¿cuáles permanecerán?, ¿qué medidas de compensación se establecieron?, son pregustas que se hace la ciudadanía, porque los árboles también hacen parte de la historia del parque.  

Porque los parques no solamente están hechos de cemento, están adornados de arbustos, de memoria, de vida y que son patrimonio paisajísticos de los municipios.  

— ¿Privatización o recuperación?  

Quizá la palabra que mas ha generado controversia sea » privatización».  

Los sectores críticos temen que la incorporación de actividades comerciales, terminen restringiendo el uso de un espacio que pertenece a todos.  

La Alcaldía lo niega y sostiene que el parque seguirá siendo público, gratuito y libre acceso, pero la discusión debería ser más precisa. Un espacio público puede tener espacios comerciales, sin que eso signifique necesariamente que haya sido privatizado; pero también es legítimo preguntar, cómo funcionan esos espacios comerciales, quién los administrarán, bajo qué condiciones y cómo se garantizará que la Valvanera siga siendo realmente un espacio de todos.  

Porque Pitalito necesita desarrollo, pero no a cualquier precio, necesita aprovechar su ubicación geoestratégica, posicionar ampliamente su territorio cafetero y la calidad de los cafés que generan los productores, emprendedores y jóvenes para que encuentren nuevas oportunidades y 

si la Calle del Café logra generar empleo, turismo y espacios para los emprendedores, será una buena noticia. 

Pero también será una buena noticia si logra hacerlo sin sacrificar el carácter público del parque, sin desconocer su historia, sin afectar innecesariamente el ambiente y con absoluta transparencia en el manejo de los recursos. 

Por eso se cree que la discusión no deba dividirse entre quienes están con la Alcaldía y quienes están en contra de ella. 

La discusión debería ser otra: 

¿Podemos transformar La Valvanera sin perder lo que representa para Pitalito? 

— El Concejo Municipal de Pitalito también tiene algo que decir. 

Hay otro silencio que llama la atención: el del Concejo Municipal de Pitalito. 

Frente a una obra que ha generado tantas preguntas, sería saludable un debate de control político en el que estén presentes la Administración, los organismos de control y, si es posible, los sectores ciudadanos que han planteado los cuestionamientos. 

No para condenar anticipadamente el proyecto. 

No para defenderlo ciegamente. 

Simplemente para preguntar y escuchar. 

Eso es hacer control político. 

Una ciudad moderna no olvida su pasado 

La modernidad no puede convertirse en una excusa para borrar la memoria. 

Pitalito puede tener una Calle del Café, promover sus cafés especiales, atraer turistas y generar oportunidades, pero al mismo tiempo conservar sus parques, sus árboles y aquellos lugares que forman parte de la historia. 

Por eso, más que preguntar si se está a favor o en contra de la Calle del Café, es preferible dejar una pregunta abierta: 

¿Estamos construyendo futuro sin destruir nuestra memoria? 

La Alcaldía tiene derecho a defender su proyecto. 

Los veedores tienen derecho a cuestionarlo. 

La Personería tiene la obligación de prevenir. 

El Concejo tiene la responsabilidad de hacer control político. 

Y los ciudadanos tienen derecho a conocer las respuestas. 

Porque el verdadero desarrollo no se mide solamente por cuánto cemento son capaces de poner. 

También se mide por la capacidad que tenemos de cuidar lo que heredamos, de administrar bien lo público y escuchar a quienes piensan diferente. 

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal y no comprometen la línea editorial ni periodística de La Voz de la Región.
- Advertisement -spot_img
- Advertisement -spot_img

Últimas Noticias

- Advertisement -spot_img