En Suaza nace el sombrero que conocemos como el suaceño, pero además de este municipio se derivan Acevedo y Guadalupe, dos sectores muy cercanos que trabajan por contribuir con la producción de esa artesanía.
Por: Karla Gómez Núñez – @karlagm
Cabe resaltar que en Suaza fue donde inicialmente se descubrió la materia prima con la que se hace este tipo de sombrero, la llamada “Palma de Iraca”, no se tiene conocimiento hasta ahora de quien fue la o las personas que descubrieron este gran imperio artesanal, pero que, si lleva aproximadamente 300 años y se cataloga como patrimonio cultural de estos tres municipios, así como el café y también la ganadería.

El sombrero suaceño tiene algo muy particular en sus diseñadores artesanos, y son las mujeres, las únicas que se perfilan para ejercer la construcción de este sombrero, porque los hombres se dedican simplemente a los oficios del campo, y no tienen voz ni voto en esta artesanía, sin embargo, los ingresos son igualitarios en estos hogares por parte del hombre y la mujer, y así de generación en generación se comparte la misma ideología en estos tres municipios.

Se caracteriza a la mujer como un actor social y fundamental en el patrimonio cultural y más en el de esta artesanía.
El testimonio de la señora Magdalena Sánchez nos lleva a recorrer un poco las entradas, las salidas, los pasos y obstáculos debajo del sombrero.
Ella es una mujer artesana del sombrero suaceño de ochenta y dos y oriunda del municipio de Guadalupe, en su territorio es más conocida como Magolita, porque según ella nadie puedo afinar su nombre.
Esta mujer genera a través de su actitud, valentía y mucha fortaleza; las arrugas en su cara demuestran que la vida no es fácil pero que siempre hay unos motores que impulsan y dan fuerza para enfrentar y superar los obstáculos que muchas veces nos separan de las oportunidades, sus dedos de las manos muestran como esas adversidades son oportunas para crecer como persona y arte, torcidos como tallos de algunos árboles, pero sin embargo siempre firmes y con la esperanza de que cada día darán frutos.

Desde los siete años Magolita ya se desempeñaba como tejedora empírica y experta en el tema, le aprendió a su madre quien también dedicó su vida a esta artesanía y fue su agilidad como lo llama ella lo que le permitió aprender con solo mirar a su progenitora.
Cuando la señora Sánchez se casó, continúo trabajando en la herencia más poderosa que su madre había dejado en ella, así fue como sacó adelante a sus hijos y hasta ahora con su poca vista dice ella ya muy desgastada aun así no pierde la costumbre de hacer sombreros sino hasta el día que Dios se acuerde ella, son algunas de sus frases.

Magdalena recordaba como los días de mercado se preparaba con su madre y los sombreros que tejían para ir cada lunes hasta la plaza y poder venderlos, sin embargo, cuenta que debían estar a las cuatro de la mañana para poder coger un puesto y así mismo que todos los compradores llegaran hasta su lugar y lograran acabar con toda la mercancía.
Después que su madre falleció decidió seguir trabajando sola. Asegura Magolita que la entrada necesaria para poder hacer y vender un sombrero es que haya un comprador, de otra manera no es favorable para las tejedoras porque de nada les servirá producir un material que luego nadie le dará un valor cultural ni menos monetario.

Hoy en día esta artesanía y muchas otras no son vistas ni escuchadas. Con una trayectoria tan significativa como lo es las generaciones de las tejedoras, en la época actual se discuten muchos factores, principalmente los jóvenes, aquellos que le dan otra cosmovisión a su identidad y se va desvalorizando lo que con gran empeño descubren las culturas, para que sean los hijos de sus hijos quienes aprovechen y con más facilidad puedan descifrar su vida. Pero es más satisfactorio cuando se le da relevancia a lo que verdaderamente tiene sentido.
Aunque como Magdalena hay otras mujeres en Guadalupe y específicamente en los sectores llamados los Cauchos, potrerillos, Guapotó y Cachimbal, que se produce este sombrero al cien por ciento, donde la permanencia de esta artesanía ha tenido una muy buena acogida y que hasta el momento prevalece como una identidad cultural basada desde los orígenes de sus tatarabuelos.

Hay algo que ellas manifiestan y es el desinterés por el arte, tantos años de tradición y nunca habido una remuneración, menos un homenaje por el desempeño que ejercen estas mujeres a través de la artesanía suaceña.
Existirá algún subsidio para ellas…
Con palabras muy puntuales que identificaron, fue la débil palabra que tenía la entidad que siempre les prometía una recompensa literalmente, por el trabajo de ellas y siempre vacilaban sobre estas mujeres, haciéndoles creer con reuniones organizadas; les llegaría en algún momento su valoración. Pero dijo una de ellas hasta el sol de hoy, ni un café nos hemos tomado de parte de ellos, sin embargo, se sigue teniendo esperanza de que llegue esa ayuda, que servirá de mucho.

El proceso de fabricación del sombrero suaceño:
Esta artesanía tiene un trabajo arduo, y consiste inicialmente en tener disciplina y un buen tacto para escoger la palmicha o también conocida como palma de Iraca.
Esta se encuentra ubicada en medio de los bosques de los tres municipios ya mencionados. Las mujeres que tienden a trabajar en el sombrero suaceño son las que van en busca de la materia prima, y para ello deben escoger tiempos adecuados donde puedan acceder a esta palmicha que da como fruto al cogollo, normalmente para ellas el mejor tiempo es cuando está haciendo un clima estándar, ni lluvia, ni sol para que la paja se seque bonita así es como ellas lo referencian, en tiempos de lluvia no se seca y se acarbenilla o se mancha se pone de color azul y se pierde la paja.

La palma de Iraca es una hoja ancha como una sombrilla, y de esta sale el cogollo que es la materia fundamental con la que se hace el sombrero, sin embargo se debe tener en cuenta que el cogollo no debe estar delgado o que este torcido porque no funcionara para luego tejer el sombrero y que de cierta manera quede la paja limpia y bien tejida, probablemente el cogollo debe estar blanco, o mejor que se parezca a una flor cuando está creciendo y floreciendo.
Luego se abre el cogollo, se desorilla, se ripea, se desvena lo arregla y después de este pequeño proceso se lleva a cocinar lo que es la almendra del cogollo lo que ha quedado sirviendo, se deja hervir unos veinticinco minutos, si la deja hervir más de una o dos horas la paja se pone negra y también se pierde la paja. Posterior a ello se deja secar y se despega con un ripiador que lo sacan de huesos de perro o gallinas, para que no queden las pajas juntas, luego queda listo para empezar a trabajar en el sombrero.
De acuerdo con lo anterior se utiliza una horma que es especial para el sombrero y también una piedra, para luego poder darle inicio al plato del sombrero, una vez terminado se continúa tejiendo la copa que es la parte donde va cubierta la cabeza y por último se teje el ala del sombrero, lo que le da la sombra al rostro.
En el sector de la señora Magdalena Sánchez conocido como los cauchos, las personas han optado por trabajar individualmente; tiene que ser de mucha urgencia la entrega de un sombrero o que haya por cantidades para que se trabaje en grupo, de lo contrario en Guapotó y Potrerillos que las mujeres conforman grupos estratégicos para darle más rapidez a la terminación de un sombrero y sacarlo en una semana o hasta tres días, una mujer sola se gasta hasta ocho días para sacar un solo sombrero, ya sea de cualquier tamaño.
Los espacios que utilizan para cuando están tejiendo los sombreros son cuartos oscuros y frescos, tal vez una ventanilla muy diminuta, no le puede dar el sol a la paja porque esta se tuesta y se arranca a la hora en que se está tejiendo, además las mujeres mantienen agua para estar remojando el sombrero y que este se deje trabajar hasta su terminación y ya poderle dar un precio a su artesanía.
Pero aquí no llega todo el proceso, ya entra el trabajo del Hormador, es la persona que le da la figura al sombrero. Estas mujeres se encargan de entregarlo en bruto es decir solo tejido, en este caso el hormador ya es un hombre y debe cumplir otra función.

Tal es el caso de Oscar Gómez, oriundo de Timaná-Huila y lleva realizando este proceso por más de veintitrés años, tiene cuarenta y un año de vida y pudo aprender esta artesanía gracias a la enseñanza que le dejó su abuelo Isidro Gómez un hormador muy reconocido tanto en Timaná como en Suaza, Guadalupe y Acevedo, por ser uno de los hormadores más talentosos de ese entonces, además era uno de los compradores mayoristas hace sesenta y cinco años atrás y expandía esta artesanía a diferentes ciudades como Bogotá, Medellín y Cali y también alcanzó a enviar este sombrero para el exterior. Se caracterizaba por ser un hombre correcto, digno de su trabajo, colaborador, pero sobre todo un líder en esta artesanía.
También entregó su arte al que entonces es senador de la Republica colombiana el expresidente Álvaro Uribe Vélez y en vida a Pacheco dame la O, un periodista de aquella época y así regó como una semilla esta artesanía a diferentes personajes de la pantalla colombiana.
Al morir su abuelo Oscar siguió trabajando con mucho empeño para no dejar acabar la tradición, esta franquicia le queda a su tío Arsecio Gómez quien también se formó como hormador. Mucho mayor que Oscar decidieron trabajar juntos y seguir entregando mercancía como lo hacía el abuelo. Pero su tío fallece y no le quedó más salidas que continuar el solo, fueron tres generaciones las que marcaron esta artesanía y la última es la de Oscar quien reside en Timaná y que en su casa tiene el taller donde se destaca actualmente por ser uno de los mejores hormadores del Huila.

También contó como es el proceso de hormación que se le da al sombrero y así mismo ponerlo a valer.
Inicialmente como ya se había mencionado, llega el sombrero en Bruto por parte de las artesanas y su función es darle un diseño, para ello debe enjuagar el sombrero, después despistarlo con una cuchilla, es decir quitarle la paja que le sobra al sombrero, luego se machaca con un palo que también es especial para la elaboración de este sombrero y que se relacione con la paja porque si no se puede romper hasta que la paja quede completamente lisa, después con una correa de cuero, especial para estos sombreros, se le estira las imperfecciones y se le cierra un poco la copa, luego viene la horma del sombrero eso depende de cómo lo quiera el cliente, para ello existen diferentes formas: Copa plana, estilo ganadero y ranchero.
Oscar nos cuenta acerca del precio de un sombrero suaceño, y está avaluado entre quinientos y un millón de pesos o hasta más, pero que como en todo trabajo hay obstáculos y mucha competencia, en este caso el atropello para esta artesanía ha sido el comercio y ventas del sombrero a máquina o más conocido como el aguadeño, que tiene un costo entre diez mil y veinte mil pesos.
Ha saltado en el mercado porque no requiere de cuidados como el sombrero suaceño y su valor es muy mínimo y las personas van a preferir invertir diez mil a un millón de pesos dice Oscar, la gran diferencia de ceros.
Así es como Oscar sigue dándole el valor a esta artesanía y frecuenta los lugares de Magdalena Sánchez, Guapotó y potrerillos donde tiene sus propias tejedoras y que siempre lo están satisfaciendo con esta gran labor. Que, si es un poco estricto a la hora de comprar sus sombreros, siempre les da un precio justo a las tejedoras, ya dependen de ellas como realicen la artesanía, no le gusta los sombreros fantasía aquellos que no lo abatanan bien y quedan muy flexibles, hecho a las carreras. Dice el señor Gómez, así como ellas les dan un precio elevado a sus sombreros deben sacar la artesanía, porque de otra manera él saldría perdiendo tiempo y dinero.
Pero sin embargo vive muy contento y agradecido con este arte, le ha permitido desempañarse en muchos aspectos y relacionarse con muchas personas tanto en su país como a nivel internacional algo que en el fondo de su corazón le satisface mucho. Quisiera que sus hijos aprendieran de esta hermosa y maravillosa artesanía dice Oscar, pero que tienen otras perspectivas que no los acerca ni un poco a relacionarse con ella, les ha inculcado el valor de la vida y por supuesto la historia y las ganancias del arte, pero que además adora a sus hijos y que siempre los va a apoyar en sus decisiones, así como ellos aunque no les guste aprender de esta artesanía siempre han estado apoyándolo.

