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sábado, septiembre 5, 2026

El ringtone del celular anunció un trágico viaje hacia la muerte en el Putumayo.

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La historia de un hombre oriundo de Saladoblanco quien fue murió en extrañas circunstancias en el sur del Colombia.  

Por: José Omar Peña 

Transcurría los primeros meses del año 2018, martes 28 de marzo de una Semana Santa azotada por un verano primaveral, que marchitaba los productivos campos de la tierra fértil de Saladoblanco, el terreno seco y partido y las plantas con las hojas caídas, pronosticaba lo que sería la pérdida de la vida de Delio Peña Muñoz, un nativo saladeño que inesperadamente se lo llevaron hacia el Putumayo, para encontrarse con la muerte. 

A 7 minutos del área urbana de Saladoblanco se ubica la finca La Pradera, cafetera y apta para cualquier cultivo, propiedad de la familia Peña Muñoz, la cual fue administrada por Delio Peña, un joven de 32 años, robusto, trabajador, padre y buen hijo, de casta noble y de fino semblante; hijo de madre campesina y de padre comerciante, criado en un entorno cultural de familia católica y conservadores. En sus labores diarias cultivaba café y otros productos agropecuarios, su economía provenía del campo y su accionar de las buenas costumbres. 

La Familia progenitora de Delio estaba conformada por padre, Sigifredo Peña Gaviria, madre, Mercedes Muñoz y un hermano; su padre un septuagenario que andaba a caballo y vivía en el pueblo, su madre ama de casa, mujer trabajadora, amable y humilde que vive en la finca, y entre el pueblo y el campo, era el trasegar de la familia Peña Muñoz.  

Eran ya las 3 de la tarde del día martes santo, como era habitual Delio cada 3 semanas recogía café, aún no llegaba la cosecha pero graneado estaba recolectando, el verano era intenso y el poco grano en su momento se vaneaba por el calor; Mercedes Muñoz, su madre, en su triste recordar comenta que su hijo recibió una llamada en el celular que alegró su tarde, y que entre los cafetales se sentó a contestar, tal parecía que sería el comienzo de una preocupante desaparición.  

!!Buenas tardes!!, una voz aguda se alcanzaba escuchar, habla con los primos de su mujer, (Ingrith Julieth Luna se llamaba la que era en ese entonces la mujer de Delio), lo estoy llamando desde el municipio de Orito en el Putumayo, me cuentan que por allá en Saladoblanco está el tiempo malo, que hay mucho verano y nada de productividad.  

  • Buenas tardes, contestaba el joven, sí señor, estoy por aquí recogiendo unas pepitas que se están secando, pero sale es pasilla solamente.  

… Mijo, replican en la llamada, “yo voy de paso por Saladoblanco visitando a los familiares, mis tíos, padres de su señora, y nos volvemos hoy mismo para Orito, salga de allá, empaque ropa y vamos y nos ayuda a hacer unos trabajos que tenemos en la finca en el Putumayo, trabaja con nosotros y de paso conoce y pasa semana santa con sus suegros”… 

Así literalmente lo describe la señora Mercedes, quien se encontraba con él en ese momento.  

Tal como lo anuncia su madre, en la tarde noche del mismo día, Delio al ver que le estaban ofreciendo trabajo y con el apoyo y ánimo de su mujer Yuli, como él le decía, decidió emprender el viaje, lo recogieron en una camioneta gris y se lo llevaron hacia tan lejana población.  

Ingrith Julieth Luna (Yuli), mujer de baja estatura, test blanca, amable y fiestera, según se conocía por amigos y familiares de la señora, proveniente de familia putumayense, padres cristianos y desconocida por la familia de Delio Peña; fue compañera sentimental de él y  quien lo animó a irse con los primos de ella.  

Meses antes de que planearan llevarse al joven para el Putumayo, Yuli y Delio quienes vivían cerca de la finca la pradera, en una propiedad de don Sigifredo Peña Gaviria padre de él, habían decidido adquirir unos créditos hipotecarios con el fin de ampliar y trabajar la finca que el señor Sigifredo les había dejado; 3 préstamos en diferentes entidades bancarias, (Banco Agrario, Bancamía y Mundo Mujer) a nombre de Delio Peña y con seguros de indemnización a nombre de Yuli. Del mismo modo, un crédito de Yuli como titular en Bancamía, para eso, Delio le había firmado un contrato, documento a nombre de ella, por parte de terreno que el joven había recibido como herencia.  

Delio tenía 2 hijos antes de relacionarse con Yuli, Carlos Javier Peña y Anyi Fernanda Peña, ambos menores de edad, Anyi, la niña vivía con él y con Yuli, Carlos, vivía con su madre, Deyi Fernanda, quien fue su primera pareja.  

Anyi, hoy ya mayor de edad cuenta su infancia vivida con su padre y quien fuera su madrastra, dice: “desde mi inocencia, cuando mi papá estaba trabajando, Yuli me maltrataba, no me daba de comer y me gritaba para que fuera a estudiar, me mandaba a hacer los oficios y ella no hacía nada, mi madrastra era una mujer de mala clase, no me quería». Por otro lado,  indagando con amigos cercanos de Yuli y quienes la conocen, dan mala fama de su accionar, es una vividora, dicen en la vereda, ella no quiere a nadie, y utiliza a sus parejas para vivir bien y aprovecharse de ellos.  

Una amiga cercana  que vive en la misma comunidad, quien se reservó su identidad, muy allegada a Yuli y a la familia, hace unas asombrosas declaraciones, » Yuli antes de relacionarse con Delio, tenía un marido de acá de Saladoblanco, era un hombre trabajador también, pero al verse alcanzado de tanta exigencia económica que Yuli le pedía, él decidió entrar a malos pasos, a delinquir, acciones que lo llevaron a la muerte, lo asesinaron y en ese entonces, la señora yuli, había reclamado un seguro de vida, del cual su marido de ese momento había adquirido»; de esa manera lo relata su amiga cercana.  

Ya al joven saladeño, habiéndoselo llevado de Saladoblanco hacia Orito Putumayo, Yuli se quedó en el pueblo, argumentando que iba a trabajar durante esa semana y luego se iría para el Putumayo también, a encontrarse con Delio y con los padres de ella que residían en ese departamento. El joven estando instalado allá, las llamadas hacia su familia en Saladoblanco, eran intermitentes, sin embargo, estaban muy tranquilos porque a pesar de que era la primera vez que él iba para esa región del Putumayo, se notaba muy entusiasta en esa población. Mientras tanto, en esa semana, Yuli en la moto de Delio se transportaba hacia el municipio de Pitalito supuestamente a trabajar, pero según la amiga cercana, era a encontrarse con el amante. 

Tal cual como una llamada alegró el día de Delio la tarde de ese martes para llevárselo supuestamente a trabajar, el día viernes 31 de marzo a eso de las 10 de la noche, una llamada también entristeció a su familia, papá, madre y hermano. Está vez, el ringtone del celular le sonó a su único hermano Jose Omar Peña, un joven universitario que se encontraba culminando sus estudios de pregrado en Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Surcolombiana, en Neiva Huila, ya estaba próximo a finalizar su carrera. 

!! Aló aló !! Buenas noches,  lo llama Gildardo Gómez el papá de la señora Yuli, la mujer de su hermano. 

— Buenas noches, le contesté. 

“Llamo para darle una triste noticia, su hermano Delio está desaparecido, se fue con los primos de Yuli a pescar a una vereda que se llama Bella Vista acá en el Putumayo, y ellos dicen que se lo llevó el Río Conejo de Orito y se ahogó y el cuerpo está desaparecido, y pues ese río es muy caudaloso y mortal para quienes lo desconozcan”. Así lo mencionó Gildardo a través del celular.  

Seguidamente, con el impacto de la noticia y los ojos aguados, decidí  llamar a la finca en Saladoblanco a comentar a mi familia lo que me informaron por celular, y al día siguiente aprovechando que la universidad entraba en vacaciones de  semana santa, viajé hacia Saladoblanco para apoderarme del tema. 

Encuentro con la familia de Yuli y versiones de los hechos 

Al día sábado 1 de abril, después de haber recibido la inesperada noticia, junto con un grupo de amigos, familiares y Yuli la compañera sentimental de mi hermano, emprendimos el viaje desde Saladoblanco hacia Orito en el Putumayo; más de 400 kilómetros recorridos en motocicleta, entre carretera pavimentada, rústica y destapada, con el fin de llegar hacia esa población, lugar de donde provenía la triste llamada que avisaba como una vida apacible y tranquila, se había convertido en un espejismo letárgico de muerte y sufrimiento, enlutando a una familia saladeña. 

Durante el recorrido y aun sin nosotros conocer la ruta, Yuli quien era proveniente de Orito nos iba indicando las vías hacia el lugar; pasamos Villa Garzón, Mocoa, San Miguel, Puerto Legizamo, el Sebumdoy y Santana, hasta llegar a esa lejana población muy cerca del Ecuador; al llegar a Orito, ya sentíamos el clima caliente, tanto del ambiente como del orden público, observábamos bastante movimiento de la población que con sus ires y venires transitaban la cotidianidad en  su día. La impotencia era mi reflejo visible de soledad y mutismo de haber llegado a dónde según, Gildardo Luna suegro de mi hermano, la noche anterior Delio se había ahogado, además sin tener noticia del paradero del cuerpo de mi familiar, mientras tanto, con los acompañantes nos íbamos preparando para la búsqueda. 

De acuerdo con algunos testimonios recogidos de la comunidad habitante de Orito, el Río Conejo donde mi hermano había caído está a 4 horas del centro poblado, según Aura Elena, habitante del pueblo, «los ríos en ese lugar son bastante caudalosos y muchas personas han fallecido por cruzar al otro lado donde hay fincas cocaleras, pues no hay un puente con seguridad, y en épocas de lluvia, las crecientes son enormes que hasta piedras y palos arrastra», pero en esa semana santa, el verano era impresionante que las crecientes no eran tan altas. 

En seguida Yuli nos llevó hacia la casa donde se había quedado mi hermano, la casa de sus primos, ya estando allá, se encontraban Gildardo quien fue el que me llamó a avisarme la noticia, su mujer Ana Díaz, el hermano de Yuli, David Luna y dos personas más, entre ellos aparece el primo de ella, al que no conocemos y quien fue el que se  llevó a Delio desde Saladoblanco hacia Orito, a trabajar a su finca supuestamente. 

Nos invitaron a pasar y se empezó la descripción de lo sucedido y, mi interrogatorio…  

Dice el primo de Ingrith Julieth, a quien le pregunté su nombre pero no me lo dijo, solo empezó con el relato: 

–» yo tuve la oportunidad de conocer a su hermano, muchacho joven, trabajador muy buena persona, por eso lo traje de tan lejos a que me ayudara en la finca, cuando llegamos acá, trabajamos dos días haciendo unos cercos, y ya el viernes santo, lo convidamos a pescar, pues porque era época de comer pescado, a eso de las 2 de la tarde nos fuimos hacia el Río Conejo, a más de 3 horas de acá, es una zona donde hay mucha selva y en esos lados, hay presencia de muchos indígenas y de guerrillas; ayer, aunque estamos en verano, en las montañas de la cordillera del río, los aguaceros dominaban la zona, cuando llegamos, el agua estaba caudalosa, pero fue a eso de las 6:30 de la tarde noche, que sentimos ya la ausencia de Delio, nosotros íbamos adelante pescando, y él atrás, al ver como que se iba quedando, nos devolvimos, miramos hacia un costado, y  había caído a zona profunda del  Río y se lo estaba arrastrando la corriente, aunque hicimos lo posible para rescatarlo, el caudal se lo llevó, al ya no tener rastro de él, nos devolvimos a la casa a avisar a mi familia». Así literalmente lo relata aquel hombre. 

Les pregunté el por qué, siendo mi hermano desconocido por esos lados, y sin conocimiento de las aguas extrañas de esos ríos, se lo llevaron dizque a pescar, inmediatamente me responde, “porque su hermano quería que fuéramos a pescar al rio”.  

Les pregunto nuevamente, fue anoche que sucedió, ¿ustedes llamaron de inmediato a las autoridades, ustedes tienen certeza de que mi hermano murió ahogado?, o tal vez esté vivo en alguna orilla del río. 

Nuevamente responde el primo de yuli, “nosotros pudimos observar que él iba arrastrado por el afluente, pero él queriendo como salir, prenderse de las piedras, era imposible por lo turbio que bajaba el río anoche, ya a muchas persona se las ha llevado ese río, e incluso nunca los han encontrado ni vivos ni muertos, pareciera que el rio se los comiera, se los tragara”; ante esas declaraciones, mi preocupación y desespero aumentaba, estábamos en territorio muy complicado en orden público y la recomendación de las autoridades, es que no podíamos ir a ayudar a buscar a mi hermano por la dificultad y entrada a la zona.  

Mis compañeros y yo, al ver el temor que infundían los moradores y autoridades de esa población, decidimos pedir ayuda a bomberos y defensa civil para apoyar la búsqueda, seguidamente empezaron con dicha labor.  Mientras tanto, yo seguía indagando con personas habitantes aledaños a la localidad. Caminando un poco, entre las personas se observaba una mujer que estaba atenta a los movimientos de la noticia, me acerqué y la entreviste, Lorena Muñoz me dice llamarse, descendiente de familia indígena, es conocedora del sector de Bella Vista, zona rural por donde pasa el río conejo y donde según los familiares de la mujer de mi hermano, Delio se había ahogado.  

Doña Lorena afirma que, «probablemente su hermano este vivió, que tal vez hubiese logrado salir hacia una orilla o lo hubiesen rescatado alguna comunidad indígena que habitan por esos lados» , la señora muy positiva dándome ánimo, pero mi corazón presentía lo contrario, al tiempo que me negaba a creer el testimonio que la familia Luna y sus primos nos habían relatado, pues tal como  habían sucedido los hechos, desde el primer momento en que sacaron a mi hermano de Saladoblanco, todo indicaba que estaban tergiversando la manera real en la que mi único hermano, cegara su vida para siempre, mi presentimiento era diferente a lo dicho por tal familia.  

Pasaban las horas, anochecía y la incertidumbre se apoderaba en nuestro ambiente, entonces, la señora Lorena Muñoz muy amablemente nos ofreció posada para descansar de tan largo viaje y poder seguir con la contextualización de la trágica noticia al día siguiente. La noche no fue tan buena por lo menos para mí, haciéndome el fuerte pero con lágrimas en la cara, mi pensar era devastador, mis preguntas internas eran de frustración, ¿cómo un joven de 32 años con el futuro de mi hermano, había acabado en un inesperado siniestro?. Yo no lo creía, para mí el hecho fue una desaparición forzada.  

Proceso de búsqueda y levantamiento del cuerpo inerte de Delio Peña 

Amaneció, nos levantamos, doña Lorena nos brindó desayunar y entre el corre corre de cada llamada, de angustia y preocupación de familiares en Saladoblanco al no saber noticia alguna de la desaparición de mi hermano, salimos con los compañeros, unos hacia oficinas de Defensa Civil, otros hacia Bomberos, y otros me acompañaron a estación de policía.  

Levantamiento del cuerpo de Delio Peña Muñoz

Los argumentos de estas instituciones municipales, eran que teníamos que esperar los partes y reportes de los organismos de rescate, que seguían en la búsqueda río abajo y a 4 horas de la zona urbana municipal.  

Entendíamos las órdenes de las autoridades, pero no podíamos esperar;  nos reunimos nuevamente con los compañeros, y emprendimos el recorrido hacia la zona más crítica, que era la vía de acceso a la vereda Bella Vista, donde estaban en la búsqueda; llegamos hasta donde la carretera permitió, pues más allá solo se observaba un territorio boscoso y desolador. La señal del celular era intermitente, y sin noticias aún, decidimos devolvernos a almorzar y esperar junto a la familia Luna y suegros de mi hermano.  

Mientras eso, nosotros seguíamos de tránsito por las cuadras y barrios de ese sector de Orito, en mi caso, debatiéndome entre el pesimismo, la pesadilla y la realidad de la ausencia de mi familiar. Volteo la mirada por todos lados, observo gente desconocida,  imaginaba lo que ya no es, lo que pudo haber sido, y no podía entender como mi hermano había ido a parar a un pueblo tan alejado de su lugar de origen.  

Siendo las 2 de la tarde del día domingo 02 de Abril, nos informa el Subteniente, forense de Orito Wilmer Joan Hernández, que ha recibido una llamada del Teniente Jaime Quiñones, comandante de Bomberos de Orito Putumayo, quien manifiesta que, “en la vereda Bella Vista, a orillas del Río Conejo y a 30 minutos de la frontera con el Ecuador, fue allegado un cuerpo sin vida de género masculino, el cual había sido hallado a 3  horas de la vereda, y que el organismo de bomberos no había sido quien encontró el cuerpo, solo habían ido hasta el lugar a dónde llega la carretera a recoger y hacer levantamiento al occiso, para que las autoridades forenses hicieran la respectiva inspección», así lo afirmó en ese momento el Subteniente.  

Aún sin confirmar la identidad del cuerpo, mi presentimiento sabía que se trataba de mi hermano; inmediatamente nos desplazamos hasta el lugar para el reconocimiento del cadáver. Ya  llegando al sitio, el frio latente en mi cuerpo me avisaba lo peor, en el lugar  estaban, los Bomberos, Defensa Civil y llegaron los Criminalistas, pero por las dificultades geográficas de la zona, aún no habían logrado sacar el cuerpo hacia la vía carreteable, comentan dichos organismos, que quien encontró el cadáver fue el señor Gildardo Luna, papá de Yuli Luna la mujer de mi hermano, y que el cuerpo lo estaba desplazando en un caballo, ya que no había más forma de transportarlo desde donde lo encontró, hasta la carretera, y a 3 horas de montaña y en el lomo del animal, el cuerpo inerte en avanzado estado de descomposición.  

Un escalofrío rondaba mi piel, me retire varios metros del lugar para no tener visibilidad, ni presenciar el momento, pues me negaba a aceptar la tragedia. Mis compañeros lo vieron todo, el señor Gildardo halando el semoviente  y en la espalda del caballo, el cuerpo hinchado de mi hermano, su piel verdosa, pálida y partes descompuestas. Mi impotencia fue el claro vivir de mi alma destrozada, a tal punto que no presencié la última vez que vería a mi hermano, preferí quedarme con la imagen viva, de cuando nos vimos en nuestra casa en ambiente familiar. ¡¡Que dolor sentía!! , que sed de venganza tenía, pues las declaraciones dadas por los primos de la mujer de mi hermano,  poco creíble se me hacía.  

El cuerpo ya en el carro forense, las autoridades nos ordenaron salir de la zona y esperar el respectivo proceso, así que  nos  devolvimos a donde los familiares de Yuli, quería indagarme con Gildardo para más información de la forma como lo encontró, pero en ese momento no fue posible, pues las autoridades estaban con él en interrogatorio. Pasada unas horas, nos informan que el cuerpo no pudo ser ingresado a la morgue del hospital, por salubridad, por su estado de descomposición, entonces lo habían dejado en terreno del cementerio local y que mientras llegaba el personal para el estudio del cadáver, debíamos como familiares ir a cuidarlo, porque de no ser así llegaban inescrupulosos, se robaban el cuerpo para sacar los órganos y traficarlos hacia el Ecuador.  

Entre las sospechas, la impotencia y la rabia, nos fuimos a cuidar el cuerpo, el cual había sido dejado en una bolsa blanca, en el césped cerca de las bóvedas del cementerio.  

Todos especulábamos en ese momento mientras lo cuidábamos, les preguntaba yo a los compañeros, que ellos que habían mirado el cuerpo, si estaban seguros que era Delio, con contundencia y sin ninguna duda, me dijeron que sí, no quedaba más que aceptar el deceso de mi hermano; entre toda esa incertidumbre, seguíamos asombrados de la manera como medicina legal hacía el procedimiento  en ese municipio, abandonar un cadáver a la intemperie del campo santo municipal.  

Al transcurrir de la noche entre el silencio solemne y el alboroto de la gente, que a los alrededores consumían alcohol, a lo lejos se escuchaban disparos y enfrentamientos, al parecer, el peligro en la localidad era inminente. Todos amanecimos en desvelo, preocupados por la situación en el orden público, y porque aún no llegaban a realizar la necropsia al cuerpo que con el pasar de las horas, la descomposición avanzaba y el olor era bastante evidente.  

Diligencias legales, por parte de los entes competentes y familiares de la víctima 

Muy a las 6 de la mañana del lunes 03 de abril, el sol se veía salir y pronosticaba un día bastante caluroso, nuestra angustia aumentaba, el cuerpo aun tirado en el cementerio y los gallinazos a lo lejos, sobrevolaban el campo santo, pues el olor con el calor se esparcía en el aire. Pasando 2 horas más, llegó la camioneta de Medicina Legal, 3 hombres vestidos de blanco nos abordaron, preguntan por los familiares para firmar una orden de traslado y hacer el debido proceso de la necropsia, al tiempo nos exigieron que en el término del mediodía, estuviera la presencia de la funeraria, que sería la encargada de trasladar el cuerpo desde Orito a Saladoblanco. Como es la vida exclamaba yo, mi hermano vino alegre, contento, tal vez disfrutando de los paisajes, de conocer nuevas tierras, y ahora como se va, en un carro fúnebre. ¡¡Por qué paso esto Dios mío!!, era mi clamor espiritual en ese momento.  

Fuente documental, constancia de investigación en curso facilitada por la Fiscalía Número 51 de Orito

Seguimos volteando por papeles que pedían y exigían, de reconocimiento del cuerpo, representaciones legales y de declaraciones. Yo estaba extremadamente devastado, mi hermano muerto, 2 noches sin dormir, mal alimentado y pensando en el lamento de mis padres, el momento más  duro para ellos de como recibirían el féretro en la finca la pradera en Saladoblanco, tierras de donde mi hermano nació, se crio, se formó y estaba a cargo de la propiedad. 

 Motivo de mi cansancio, dejé que la señora Yuli mujer de mi hermano, se hiciera cargo de los papeleos, diligencias, declaraciones e indagaciones que junto con el papá Gildardo y sus primos tenían que dar en las instalaciones de la policía y fiscalía de Orito. Las declaraciones según el balance y el análisis forense, fueron diferentes a las que nos dieron a nosotros de lo sucedido, habían cambiado ante las autoridades, la versión de los hechos. 

Luego me di cuenta, que el estado pagaría un seguro a quien hubiese muerto violentamente en esos lugares, por esa razón, habían hecho pasar a mi hermano como alguien totalmente diferente a quien realmente era; así de esa forma, Ingrith Julieth en unos meses reclamaría lo que sería la primera indemnización por el fallecimiento de mi hermano. Esas nuevas versiones habían sido cambiadas en el momento en que por mi cansancio y frustración, decidí dejar a Yuli junto con su familia que se encargara de esos trámites; los tres indagados, en mi ausencia, habrían tergiversado la información, no hay otra explicación. Pasadas unas horas, todos salieron de indagación y con papeles en mano, me afirmaron el trámite final y la legalización desde todas las entidades que atendieron el caso de la muerte de mi hermano.  

Posteriormente nos avisaron desde Saladoblanco, que el coche fúnebre ya se encontraba en camino, mientras llegaba, nos dirigimos a casa donde doña Lorena Muñoz, mujer que nos tendió la mano en posada y comida durante los días que estuvimos en Orito, mientras encontraban el cuerpo de Delio; la señora Lorena Muñoz, se convertiría en la ficha clave para la investigación más adelante. Nos despedimos, agradecimos, y ya todos en las motos arrancamos de vuelta, con la tristeza en el alma, un largo recorrido nos esperaba.    

Seguidamente, nos encontramos con Alexander Bravo de Funerales el Camino del municipio de Oporapa, al saludarlo nos cuenta que ya le  habían hecho la entrega del cadáver, efectivamente ya lo observamos en la carrocería fúnebre, en un cajón totalmente sellado y envuelto en papel bolsa transparente, y la foto de mi hermano frente al ataúd, nadie podía abrir para verlo, solo la foto nos avisaba que en su interior, despedíamos los restos de aquel joven de 32 años, soñador, trabajador y futurista en la corta vida que presenció este mundo terrenal y material. 

Desplazamiento con el cuerpo de Delio desde orito putumayo a Saladoblanco Huila, para honras fúnebres 

Llegaron las 4:30 de la tarde del día lunes 3 de Abril, y salimos junto al coche fúnebre de Orito Putumayo hasta Saldoblanco, un solo ritmo de velocidad sin parar, llegaba la noche, pasaban las horas y el sueño y cansancio nos consumía, pasábamos pueblo tras pueblo, pero parecía que el trayecto se volvía eterno, y fue a eso de las 3 de la mañana del martes 4 de abril, que llegamos a la finca en Saladoblanco; desde la carretera se miraba movimiento de familiares, amigos, vecinos y allegados; el sufrimiento era demasiado grande, al escuchar el triste sonido del funeral avisando para un recibimiento desolador. Me baje de la moto, abracé a mis padres y llenos de lágrimas veíamos como instalaban los mesones y  veladoras para iniciar el velorio, mi madre quería destapar el ataúd  y verlo, pero solo teníamos que conformarnos con la fotografía de su hijo, sonriente, tal como se caracterizaba. El llanto era absoluto, que encoraban los cantos propios de un dolor familiar. 

En esos desvelos amaneció, la gente iba llegando al acompañamiento del funeral, uniéndose al lamento de despedida; junto al féretro algunas personas lloran su ausencia. Después de haber rezado en repetidas ocasiones y habiéndose velado solo unas horas, por recomendaciones funerales, por salubridad, se procede nuevamente a colocar el ataúd en el carro fúnebre, y a las 4 de la tarde del mismo martes 4 de abril, salimos en caravana para realizar las exequias; las campanas de la iglesia Nuestra Señora de las Mercedes de Saladoblanco, ya daban el primer aviso, en la mitad del camino segundo aviso, y al llegar al atrio del templo, el aviso final; las exequias iban a empezar. 

En la eucaristía, nos encontramos las dos familias, la de mi hermano y la de quien fue su mujer, Ingrith Julieth, cruzamos saludos,  presenciamos la eucaristía y caminamos  200 metros hacia el cementerio, con el féretro encabezando la multitud; el sepelio era el último acto en presencia, entre el cuerpo de mi hermano y quienes lo quisimos y compartimos con él, en cuerpo alma y en vida. 

Después de los actos de agradecimiento por el acompañamiento y colaboración, todos hacia sus casas, y después de conversar un poco en familia, fuimos a dormir. La noche pasó volando, no la sentí, dormí como nunca, pero al día siguiente, empezaron nuestros cuestionamientos, pregunta tras pregunta, y mi ser por dentro, envuelto en dudas, dramas y recuerdos de lo relatado por los primos de Yuli en Orito. 

 Desde el día siguiente, empezaron como en toda familia tradicional religiosa, los novenarios en memoria de mi hermano, iba pasando el tercer día de rezo y apareció  Ingrith Julieth Luna, no a asistir a los actos de oración, pues ella y su familia, aparentemente pertenecían a comunidad evangélica, por lo que afirmó con vehemencia, que esos rezos  no hacían parte de su cultura, y entre esas aseveraciones, ¡!exclamo!!, «yo vengo es para ver como arreglamos lo que como mujer de Delio me corresponde porque ahora que él ya no está, debo irme a vivir con mis padres al Putumayo”. Que imprudentes sonaron las palabras de esa mujer, en seguida le respondí, estamos en momento de oración por el alma de mi hermano, pasando los novenarios nos reunimos para los respectivos procesos; por ahora, respete el dolor ajeno, le afirme con molestia. 

Intolerancia de Yuli y su familia, hacia familiares de Delio Peña 

Como desde mi hipótesis se suponía, no había nada bueno sobre el actuar de esa mujer, y fue faltando 2 días para culminar el novenario, que aparecieron nuevamente; Ingrith Julieth y su familia, desocuparon la casa la cual habían vivido con mi hermano, se llevaron la moto y elementos de uso agrícola, guadañadoras, fumigadoras, pesas y hasta material de construcción que Delio había guardado con el fin de remodelar la casa; ¡! Que abuso de confianza!! , exclamamos junto con mi familia. 

Ya pasada la novena, 16 días después del entierro de mi hermano, descaradamente aparecen de nuevo Yuli y sus hermanos, esta vez para reclamar herencia de lo que mi hermano había dejado, la casa y la finca “la Chapa”, que mi papá le cedió a Delio para que trabajara, ella llegó exigiendo que le pusieran a su nombre esos bienes, y de paso ese día, reclamo hasta el caballo que mi hermano tenía como apoyo de transporte y desplazamiento de productos. 

Desde ese día, mi presentimiento de la muerte forzada de mi hermano  y provocada por los primos de Yuli, cogió más fuerza, y con la esperanza de buscar la verdad, empieza mi firme proceso de investigación. 

Me dirigí a la casa donde se hospedaban el señor Gildardo Luna y su señora, Ana Díaz e hijos, entre ellos Ingrith Julieth, que por esos días estaban en Saladoblanco, fui con un amigo quien fue muy cercano de mi hermano, Brayan Peña, nos hicieron seguir y empezó mi indagación. 

— Muy amablemente me dirijo a usted, principalmente a su merced señor Gildardo, que fue quien encontró y recogió el cuerpo de mi hermano en ese lugar tan lejano. 

Favor quiero saber la verdad ¡¡cuénteme!!, esos familiares suyos primos de Yuli que se llevaron a mi hermano, ¿con qué intención lo hicieron?, ustedes conocieron a mi hermano muy bien, porque compartían mucho con él y saben de la calidad humana que tenía, quiero saber la verdad, como murió Delio, porque voy a investigar hasta encontrar culpables… Agresivamente me responden, primero la señora Ana Díaz, mamá de Yuli, «no se le imagine jamás que usted cree que nosotros tuvimos que ver con lo que le paso a Delio». 

 Enseguida, contesta Yuli, «haga, haga las investigaciones que usted quiera, acaso usted mismo no fue con nosotros y se dio cuenta que él se había ahogado, pero lo voy a denunciar por calumnias”, así me contesto. 

Y el señor Gildardo más calmado, relato lo siguiente, “no hijo, no crea eso de nosotros, nosotros quisimos mucho a su hermano como un hijo, y estábamos contentos de que yuli nuestra hija, hubiera dado con tan buen muchacho. Ese día yo encontré el cuerpo de su hermano, pues porque yo conozco esas zonas, y lo encontré a la orilla del río, muy estropeado por las piedras y palos, tal vez que con la corriente del agua, le habían golpeado»; y sigue diciendo, “los sobrinos, los primos de Yuli, el que se lo llevó de acá de Saladoblanco, él es un hombre trabajador, tiene finca en Orito y se dedica al campo. La muerte de su hermano, fue porque se ahogó”, terminó diciendo. 

Les dije que me dieran el contacto del señor que se lo había llevado, quería entrevistarme con él pero no fue posible, argumentaron que no  tenían su teléfono. 

Ante la negativa de ellos, salí con mi compañero diciéndoles que iba a investigar hasta donde más pudiera la muerte de mi hermano, “haga lo que quiera”, se escuchó a lo lejos la voz Yuli. 

Ese mismo día, nos dirigimos hacia la fiscalía seccional Pitalito, para ver que se podía hacer desde el Huila, pero al acercarnos a esa entidad, nos dijeron que ese caso había quedado en Orito, y era allá donde estaban los papeles y donde cursaba la investigación. Definitivamente le dije a Brayan mi compañero, no queda más que volver a ese lugar, miremos el día y me acompaña a reclamar  los papeles de necropsia, epicrisis y registro de difusión y, a indagar en la fiscalía de allá y con las autoridades, que nos abran la investigación formal por la muerte de mi hermano.  

Así fue, planeamos el día, pero días antes de eso, como si supieran que íbamos a investigar en Orito, lo recuerdo perfectamente, recibí una llamada anónima, intimidándome, diciendo «que si yo me aparecía por allá, tampoco volvía y si volvía era como habían traído a mi hermano». Me quisieron decir, que volvería muerto; pero eso a mí ya no me intimidaba, pues solo demostraban que efectivamente la muerte de mi hermano había sido un homicidio, un acto criminal.  

Proceso de investigación formal, por la causa de muerte de Delio Peña  

Avisándole a mi familia, y aunque sin estar ellos de acuerdo, con Brayan un día domingo y después de dos meses de haber enterrado a mi hermano, emprendimos el viaje en un carro Chevrolet Sprint color rojo, teníamos cierto temor por las intimidaciones, por el orden público y por el motivo del viaje, esta ves íbamos a buscar la verdad de la noticia criminal que el 31 de marzo de 2018, enlutó a mi familia.   

Durante el recorrido íbamos conversando, y nos acordamos de doña Lorena Muñoz, quien nos ayudo y apoyo con la estadía aquel día cuando se recogió el cuerpo en Orito; entre el almuerzo, procedimos a llamarla, amablemente nos contestó y le pedimos nuevamente su ayuda, sin ningún problema nos colaboraría, y al llegar nos  hospedó nuevamente, ella conocía muy bien ese pueblo, de ese modo al explicarle la razón del por qué estábamos allá, nos dio las direcciones y ubicaciones de las entidades y lugares en los que iniciaríamos el proceso de indagación.  

Primeramente nos dirigimos a la Fiscalía General de la Nación, número 51 seccional Orito Putumayo, nos atendió el ente investigador encargado del caso, Juan Fernando Ballesteros Balaguera, me presente y me familiarice con Delio Peña Muñoz encontrado muerto en zona rural de ese municipio, e inmediatamente nos contextualizó de los papeles que en esa entidad reposaban, explicó cómo iba el caso de mi hermano y nos entregó los documentos, necropsia, acta de levantamiento y otros, al mismo tiempo, dijo el ente investigador ballesteros, «el caso de su hermano esta reciente y en proceso de las pruebas e indagaciones pertinentes, para en caso de demostrarse haber sido muerte forzada, dar con los responsables». Del mismo modo, busqué datos documentales e indagué sobre algunos casos similares, y encuentro que en algunas regiones de Colombia, casos parecidos a mi hipótesis de la muerte forzada de Delio Peña Muñoz, para beneficiarse económicamente, ocurren en el país, según el periódico el Tiempo, el 10 de septiembre del año 2024, tituló que “en la ciudad de Medellín, una mujer habría ordenado el asesinato de su expareja, para cobrar seguro de vida”, «Según la investigación, adelantada por un fiscal del Grupo de Alertas Tempranas de Homicidio de la URI, la mujer habría ordenado el asesinato de su expareja para quedarse con sus bienes y cobrar un seguro de vida por 350 millones de pesos», indicó el ente acusador”. (https://www.eltiempo.com/amp/colombia/medellin/medellin-mujer-habria-ordenado-el-asesinato-de-su-expareja-para-cobrar-millonario-seguro-de-vida-3379879)… 

Por otro lado, el Diario la Opinión el 23 de enero del año 2025, titula, “condenan a colombiana que mando matar a su pareja, para cobrar un seguro”, según el diario la opinión, “la mujer, María Inés Medina, fue sentenciada  junto con su amante y dos cómplices más, por el asesinato de su esposo, por cobrar seguro de vida”.  (https://laopinion.com/2025/01/23/condenan-a-colombiana-que-mato-a-su-pareja-junto-con-su-amante-para-cobrar-un-seguro/). 

Ante este contexto nacional, y los documentos entregados por Ballesteros en la Fiscalía 51 de Orito Putumayo, procedimos y le pedimos el contacto telefónico de este ente investigador, de ahí, salimos positivamente del lugar. 

Con papeles en mano, los leímos, los releímos, y algunas inconsistencias  llamó mi atención, las cuales empecé a resaltar y subrayar, en la necropsia de mi hermano decía, “muerte violenta por sumersión”, describía detalladamente el análisis del cuerpo, y algunos golpes presentados en cabeza y cráneo, o bien por golpes de palos y piedras por el arrastre de la corriente del Río Conejo, o bien, provocados por personas que lo golpearon y lo arrojaron al río; las investigaciones serían las que determinarían el hecho. 

Otra fuente documental impresa, dada en la fiscalía de Orito, es la constancia de proceso de investigación y judicialización FNG-20-F-12 que describe lo siguiente: «Fiscalía N°51 seccional Orito Putumayo, hace constar que en este despacho cursa la indagación NOTICIA CRIMINAL, N° 86320600525201800074, en averiguación de responsables por el delito de HOMICIDIO, contra la humanidad del señor Delio Peña Muñoz, quien en vida se identificó con CC 1.081.729.982 de Saladoblanco Huila», según el documento, el estado de investigación se encontraba activa y en etapa de indagación. (Estos Datos son extraídos de las fuentes documentales impresas y facilitadas por la fiscalía N° 51 de Orito Putumayo, utilizados y publicados solamente con fines investigables). 

Del mismo modo, en la constancia de investigación también me llamó la atención los datos personales de quien en el  momento de recoger el cuerpo sin vida, yo era el único familiar, mis datos personales, no coinciden con mi documento de identidad, dice, «se hace entrega copias y actas de inspección a Jose Omar Peña Muñoz, identificado con CC N° 7.723.873 expedida en Neiva, quien dice ser familiar y víctima del caso homicida», pero  mi identificación real es cédula 1081731034 expedida en Saladoblanco. Es decir, esos datos no coincidían con mi identidad. 

Con muchas dudas en mi cabeza, nos trasladamos hacia la Estación de Policía de Orito, allí nos atendió el comandante de la policía judicial Wilmer Johan Hernández Rodríguez, me presente ante el comandante, le explique el motivo de estar ahí, y me dijeron que aunque ellos habían ayudado a la búsqueda del cuerpo de mi hermano, pero para procesos de investigación, esos casos eran directamente con el ente competente, “La Fiscalía”.  

De esas instituciones, nos trasladamos a casa nuevamente de la señora Lorena, conversamos un poco, le pregunté por la familia de Yuli y de sus primos, ella me respondió, » no conozco mucho de los primos de ellos, solo sé que tienen finca cocalera por la vereda Bella Vista donde encontraron a su hermano acá en Orito, demás no sabría decirle». Decidimos en el carro pasar por la casa donde habitan los padres y familiares de Yuli, donde estuvimos el día de la búsqueda de mi hermano, pero no se encontraba nadie, la casa se veía sola. Preguntamos con vecinos por esa familia, y afirman que la casa estaba sola por esos días, que la familia es evangélica y asisten a la iglesia Pentecostés de ese municipio; dicen también, los señores Gildardo y Ana, son buenos vecinos, haciendo referencia a los papás de Yuli, pero que a Yuli y a los primos, a ellos si no los conocían muy bien, aseguraron.  

Seguimos avanzando en la recolección de información, a través de teléfono quisimos contactarnos con Jorge Checa, el forense que realizo los procesos de levantamiento y necropsia; tampoco hubo manera, en ese entonces, no se encontraba en la población.   

Nos quedamos dos días en Orito, ya el ente de la fiscalía, diciendo que la investigación estaba en curso y que estuviera al tanto por si me llamaban a declarar, no pudiendo hacer nada más, con mi compañero Brayan nos devolvimos a Saladoblanco, con todos los papeles correspondientes.  

En ese orden, y en la recolección de información, indagué en fuentes documentales de la Fiscalía General de la Nación, y aunque el número de casos estadísticos y exactos, sobre hechos de asesinatos en Colombia para cobrar seguros de vida o beneficiarse de herencias, no son publicados de manera específica en sus páginas oficiales, sin embargo, en sus plataformas describen que la entidad como  ente investigador, sí incluye este tipo de delitos en sus estadísticas generales de homicidios y delitos, relacionados con obtener beneficios económicos de dineros a través  de seguros y herencias; y en sus páginas registra  datos generales manifestando que, ”la fiscalía ha logrado tasas de avance y esclarecimiento significativo en homicidios y asesinatos colectivos en Colombia; según su informe de gestión 2023, los homicidios de 4 o más víctimas, el avance de esclarecimiento paso de 36.80% entre febrero de 2019 y febrero del 2020, a una tasa acumulada del 89.51% con corte a noviembre del 2023. (Datos obtenidos del informe de gestión 2023, de la Fiscalía General de la Nación), https://www.fiscalia.gov.co

Del mismo modo, y en comparación a las cifras generales de la fiscalía, según la fuente de Asuntos Legales del Ministerio de Defensa y  Policía Nacional, en la siguiente gráfica muestra datos por regiones y las cifras obtenidas desde 2019 de muertes homicidas por cada 100.000 personas en el país, varía según el año, el caso y los elementos utilizados para cometer el crimen, mostrando a Cali, como la región del país con mayores cifras según  la  radiografía. 

Fuente: Ministerio de Defensa y Policía Nacional (https://www.asuntoslegales.com.co/consumidor/la-tasa-de-homicidios-en-colombia-segun-unos-datos-es-la-mas-baja-de-los-ultimos-44-anos-2980186). 

Habiendo hecho estos análisis, y ya estando en Saladoblanco, días después me llama la entidad bancaria Fundación de la Mujer seccional Pitalito , afirmando que Delio Peña había adquirido un crédito de 6 millones de pesos en esas instalaciones, y un seguro que amparaba el crédito en caso de muerte del cliente, y que ya sabiendo la noticia del deceso  de mi hermano, procedía a caducar la deuda y, a realizar el proceso de verificación si existía alguna póliza amparada por ese crédito; cuando me llamaron, según esa entidad, Yuli ya estaba en el proceso de averiguación para la posible reclamación del monto asegurado, no me dijeron la cifra, pero que en caso de haber sido el préstamo amparado, por políticas institucionales solo le decían y le  entregaban era al asegurado, es decir, a Yuli, de esa manera, posiblemente, reclamaría su primer beneficio económico por muerte de mi hermano. Luego indagué en las demás entidades financieras en las que mi hermano, antes de morir había sacado préstamos, en Bancamia, me contestó el asesor bancario Javier, diciéndome que la señora Yuli, con el registro de difusión, ya había hecho el proceso de reclamación del seguro de amparo de vida, 10 millones de pesos le habían desembolsado, lo mismo con  otras microfinacieras, y como si fuera poco, al yo acercarme donde el señor Alexander Bravo, representante de Funerales el Camino que fue quien se encargó de las exequias de mi hermano, dijo que, “ él le había ayudado a Yuli  en papeles para gestionar y reclamar un seguro del estado por el valor de 18 millones de pesos, el cual aún no había salido ese pago, pero que lo reclamaría ella.  

Ante lo expuesto por Alexander Bravo, indagué sobre estos amparos de vida y según la Unidad Nacional Para las Victimas, “la indemnización por personas fallecidas en casos de homicidio, es de 40 salarios mínimos mensuales vigentes, (Smlmv), y son divididos entre los familiares de la víctima y su esposa, o depende el estado civil en el que se encontraba el fallecido”. (https://www.unidadvictimas.gov.co). Ante estos informes, que frustrante era la situación para mí y mi familia, yo solo quería que se hiciera justicia y se supiera la verdad de la muerte de mi hermano, pues todas esas inconsistencias, demostraban la ambición de quien fue la mujer de Delio, Yuli, y en mi pensar la culpabilidad de la señora, por el hecho criminal de que mi familiar hoy esté sin vida. 

Caducidad de la investigación en la Fiscalía, sobre la muerte de Delio Peña 

Hace unos días de  este año 2025, me comunique desde Pitalito a las oficinas de la fiscalía 51 seccional Orito Putumayo, y  me contestó el asesor encargado, dándome la triste información de que el proceso de investigación por la muerte en esa localidad de Delio Peña Muñoz, había sido archivada por vencimiento de términos, que ya no se podía hacer nada con respecto a la investigación. Que rabia sentí yo con la justicia colombiana, y que impotencia al no poder ir más allá de la investigación, más que la relatada desde este enfoque periodístico.  

Tumba donde reposan los restos de Delio Peña Muñoz, cementerio de Saladoblanco

A este año y sin saber nada de Yuli y de esa familia, mi madre Mercedes Muñoz y yo, Jose Omar Peña, nos acogemos a Dios, entendiendo que la justicia terrenal solo es parte del poder político, económico y social de este país, y tenemos la certeza que la justicia divina se encargará de castigar los responsables, si  fuese así como pensamos que la familia de Yuli tiene culpabilidad en los hechos de la muerte de mi hermano, o de no ser así , que sea  Dios quien  juzgue los actos.  

Mi hermano en este año 31 de marzo del 2025, cumplió ya 7 años del crimen, y por normatividad en los cementerios, después de cierto tiempo cumplido sepultado en las bóvedas, hay que sacar los restos de la tumba  y si la  familia lo decide, colocarlos en algún osario del campo santo. Este mismo año, junto con mi señora madre, realizaremos el debido proceso, gestionaremos y trasladaremos los restos de Delio Peña Muñoz, hacia el Centro Memorial la Paz, lugar donde reposa mi señor padre Sigifredo Peña Gaviria, (qepdc), quien falleció a causas naturales hace 3  años, para que de esa manera, padre e hijo, puedan descansar en la paz del Señor. 

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