Por: Diego Fernando Sevilla Cortés

Coordinador de la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas en Huila
Diciembre es un mes que, en lo personal, me trae nostalgia y recuerdos de infancia. Pienso en las novenas, los buñuelos, la natilla y las velitas; en los vecinos que casi no se hablan durante el año y que, en esta época, salen al frente de sus casas a compartir. Y creo que, así como para mí este mes tiene significados profundos, lo mismo ocurre para muchas personas en nuestro departamento del Huila. Sin embargo, en medio de estas celebraciones existe una fecha que suele pasar inadvertida y que es de enorme importancia para la humanidad: el 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos.
Este diciembre de 2025 se conmemoran 77 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada en 1948 como respuesta a los horrores de las guerras mundiales y otras violencias. Ese mismo día se declaró el Día Internacional de los Derechos Humanos, precisamente para recordar la trascendencia de su firma. Esta Declaración nos enseña que no podremos considerarnos verdaderamente humanos si no reconocemos y vivimos bajo la premisa de que todas y todos somos iguales en dignidad y derechos. Ninguna diferencia de origen étnico, creencia política, religiosa o espiritual, orientación sexual, identidad de género o condición económica puede justificar que una vida valga más o menos que otra, y mucho menos justificar que una persona sea desaparecida.
Recuerdo una reflexión de Jaime Garzón: sería difícil explicarle a un extraterrestre por qué los seres humanos necesitamos dejar por escrito que no está bien matar o hacerle daño a otro. Pero la historia nos ha demostrado que es necesario. Así como la Biblia es un referente para los cristianos, el Corán para los musulmanes y la Torá para el pueblo judío, la Declaración Universal es un referente para la humanidad entera. Aunque su visión occidental genera debates —tema para otra columna—, lo cierto es que consagra principios irrenunciables.
En esa Declaración se protegen, entre otros, el derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad personal; la prohibición de torturas y tratos crueles; el derecho al reconocimiento de la personalidad jurídica; la igualdad ante la ley; el derecho a un recurso efectivo; la prohibición de detenciones arbitrarias y la protección de la vida privada y familiar. Si bien la Declaración no menciona explícitamente la prohibición de la desaparición, es evidente que la desaparición viola simultáneamente varios de estos derechos, convirtiéndose en una de las afrentas más graves contra la dignidad humana.
Y esta violación no ha sido ajena a nuestro departamento.
El Huila continúa viviendo el daño profundo de la desaparición. Esta es una de las violaciones más dolorosas porque deja preguntas sin respuesta, interrumpe la presencia y el proyecto de vida de una persona y rompe la vida emocional de una familia que no obtiene claridad sobre el paradero de su ser querido. Por eso, para el Huila, el 10 de diciembre no debe ser una fecha más, sino un llamado urgente a la conciencia colectiva.
Cuando llegué al departamento como coordinador de la UBPD, en mayo de 2024, el universo estimado de personas dadas por desaparecidas era de 1.161. Hoy, 10 de diciembre de 2025, esa cifra asciende a 1.732. Este aumento puede significar varias cosas: que más personas se han acercado a continuar sus búsquedas ante las instituciones; que la presencia territorial y pedagógica de la UBPD ha generado confianza; que aún existe un gran subregistro por miedo, desconocimiento o dolor. Pero, sobre todo, revela algo profundo: que el Huila sigue incompleto, que todavía faltan hijas e hijos, que siguen doliendo, que siguen siendo esperados.
También he constatado con preocupación que muchas personas desconocen la magnitud de la desaparición en nuestro territorio o no se han sensibilizado frente a la búsqueda. La indiferencia sigue teniendo un lugar. Pero, al mismo tiempo, he encontrado una solidaridad silenciosa y poderosa. No solo de las organizaciones buscadoras, que por años han sostenido esta lucha, sino de múltiples iniciativas sociales y privadas que se han sumado: empresas de transporte como Coomotor, los terminales de Neiva y Pitalito, negocios como el restaurante El Patio y empresas como Radiotaxis. Estas iniciativas pasaron de la sensibilización a la acción.
Cada persona puede hacer algo: compartir información, romper silencios, sensibilizar a otros, hablar con respeto, acompañar a una familia, acudir a las autoridades cuando se tiene un dato. La desaparición no se resuelve sola. Se resuelve buscando, preguntando, persistiendo.
El mensaje para esta conmemoración es claro: un pueblo sin sus hijas e hijos no está completo. Y el Huila, sin sus hijas e hijos desaparecidos, tampoco lo está.
En estas fechas, cuando la luz, la familia y la esperanza parecen más presentes, la ausencia también se siente con mayor fuerza para quienes buscan. Por eso esta conmemoración no puede quedarse en palabras: debe convertirse en compromiso colectivo. No basta con recordar la desaparición en fechas simbólicas; debemos hablar de ella todo el año, hasta que el sueño de encontrarles sea una realidad.
La búsqueda es un derecho. Un derecho humano tanto para quienes fueron desaparecidos como para quienes les buscan. Y es también una responsabilidad social de todas y todos los huilenses.
El Día Internacional de los Derechos Humanos nos recuerda algo que el pueblo huilense sabe muy bien: la vida y la dignidad se deben defender, y la verdad y la memoria se sostienen buscando a las personas desaparecidas del departamento. Solo cuando todos regresen podremos decir que el Huila está completo.
Invitamos, en esta conmemoración, a acercarse a la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, a compartir información y a toda la sociedad huilense a sumarse a la búsqueda activa de quienes aún no han regresado.

