Carta al abuelo que está en casa

Por: José Eder Toledo Cubillos
Investigador cultural, Licenciado en Literatura, Universidad del Valle, Magíster en Estudios Humanísticos, Universidad EAFIT y Doctorando en Humanidades, Universidad EAFIT.
Estimado abuelo:
Me imagino que ya se habrá dado por enterado lo que ocurre por estos días con la Humanidad. Yo también he imaginado cuál sería el cuadro si estuviera aquí escuchando las noticias. Usted con esa mirada lejana, mascullando el silencio, para decir alguna frase que nos dejara meditando sobre la situación. Me va a mirar con incertidumbre. Esta suma de situaciones me ha llevado a pensar en regresar a la casa, como lo afirma el filósofo alemán Heidegger, habitar la casa no solo es estar ahí.
Déjame explicar. Quiero decir que las casas ya no se habitan como antes o como se solían habitar en nuestras casas campesinas, algunos la han visto como un espacio transitorio de la vida, pero no la ven ni la sienten como el lugar donde los integrantes puedan apropiarse de la vida. Las campañas de los diferentes gobiernos locales y nacionales nos informan que nos quedemos en “casa”. Ya uno se puede imaginar cómo es regresar a una casa que nunca se ha habitado por estar más empeñado en cumplir las dinámicas económicas, sociales, políticas. Es decir, que volver a la casa es lograr narrar el mundo en el que se han constituido por la memoria colectiva. La Casa Grande tiene que volver a nuestros diálogos, el intercambio de ideas en la familia, el reconocernos ante las indiferencias; hay que volver a cocinar con las palabras para que se construya la tríada identidad-territorio-colectivo. Que las inclemencias nos abran las puertas para vernos, ¿Será que seguiremos mirando solo por la ventana?
Querido abuelo, ahora entiendo porque usted quería quedarse para siempre en la casa rural. Allá era donde se sostenía espiritualmente era su guía para comprender el mundo. Hoy en día ante la amenaza, las personas no distinguen entre el lugar común y lugar propio. Creo que a muchos les teme regresar a consigo mismo, ese regresar sobre sí mismo lo han rechazado por mucho tiempo, les teme comprenderse. Porque como usted nos decía: al comprendernos vamos respetando al otro.
Han decretado que los adultos mayores de setenta años no pueden salir de las casas. Qué sería de usted abuelo que caminaba las calles para narrar cada esquina y dialogaba con la arquitectura de la fragilidad de la existencia humana. ¿Por qué es necesario cuidar los adultos mayores? Será que le temen al fragmentado mundo sin la memoria que guardan nuestros mayores o es que se dieron cuenta que no han construido ese legado que debe soportar la sociedad. Lo que hemos comprendido hasta ahora es que somos frágiles como sociedad, despreciamos el cuidado por el otro, anteponemos intereses individuales por la colectividad.
Regresar a la casa me ha permitido dialogar con los recuerdos de usted abuelo que supo sembrar en mi memoria la pregunta por el otro. Si estuviera aquí ya se puede imaginar las horas de diálogo cultural, la risa entretenida entre los refranes, las miradas de reflexión o esos versos campesinos que nutren la esperanza ante el miedo.
Con un abrazo quedo a la espera de su respuesta, estaré en la Casa que usted me ayudó a edificar.
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