¿Por qué caminan de noche los antropólogos?

Por: José Eder Toledo Cubillos
Investigador Cultural
Estimado antropólogo
Sé que el caminar nocturno hace parte del ritual antropológico del hombre. Me lo imagino a usted dando esos pasos por las calles frías y solitarias del barrio Los Yalcones, el fenómeno nocturno hace al hombre. La noche por más oscura y densa que esté trae ideas, imágenes, la memoria asalta al pensamiento: ¿Cuántos hombres ullumbes encontró en sus recorridos nocturnos?, ¿Qué dicen las estatuas sepulcrales de la noche?, ¿Ha encontrado la beligerancia de los Yalcones?, o al menos, dígame que la milpa ha regresado entre el sentir del hombre que es ahora agustiniano.
Discúlpeme. En el párrafo anterior he colocado la palabra calle. Renuncio a ella, la cambio por camino. Ahora puedo decir que me hubiera gustado recorrer la noche por el camino que usted estaba trazando en la cultura del municipio de San Agustín. Como antropólogo sabrá que el fuego nace a partir de la necesidad de disimular el frío y la oscuridad, es por eso, que la tulpa hoy esta fría, han venido apagar las llamas de identidad que usted estaba promulgando, es decir, usted estaba cocinando el territorio. Hay oscuridad. Aunque quedan las brasas que se avivan con el pensamiento, se seguirá esos pasos para que la comunidad de San Agustín comience a cocinar el territorio, porque cocinar es un acto cultural, y si se come cultura, reconoceremos la despensa del territorio, ya no seremos extranjeros del paladar y del pensamiento. Me imagino que en esos recorridos nocturnos recordó la etnografía de Daniel Everett sobre la piraña del Amazonas, quien se la narraba a los nativos para que no pudieran descansar en la noche. Hoy, nos narran tu cruento episodio, aparecen las pirañas no con el objetivo de dejar descansar en la noche, sino con la intención de no caminar la noche.
Ahora entiendo sus recorridos nocturnos que no estaban cargados solo de visión mitológica, ni de posturas académicas, sus paseos por el banquete de la noche van más allá, es el espacio necesario del ser humano. Usted se estaba pensando a San Agustín, lo habitaba desde la palabra. Permítame que, en esta epístola, cite a escritores, pero es que en nuestro diálogo es necesario tener a otros que han caminado la noche. Mario Margulis ha escrito que, en la noche, “la ciudad es de los jóvenes mientras los adultos duermen”, voy a parafrasear la anterior cita: en la noche, San Agustín es de los que quieren trabajar por la cultura mientras otros duermen, o en este caso, silencian los gestores culturales.
Estimado antropólogo, Luis Manuel Salamanca, la noche, es ese baúl que abre el entendimiento, pero a la vez misteriosa, también se le considera profana y sagrada. En esa noche cuando usted caminaba por las frías palabras del entendimiento cultural del suroccidente del Huila, en el misterioso devenir de la vida, quedó el espacio de un pensador, docente que veía en la Cultura el camino para habitar lo sagrado del territorio. En noches como esas, se hace necesario preguntar, si la comunidad reconoce la importancia de los antropólogos en las construcciones sociales y culturales.
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