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viernes, septiembre 4, 2026

Opinión: El atentado no es contra la Democracia, es contra la Humanidad 

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El atentado no es contra la Democracia, es contra la Humanidad

Por: José Omar Peña Muñoz  – Comunicador Social y Periodista

Debido al acto terrorista que sufrió la tarde de ayer el precandidato presidencial del partido Centro Democrático Miguel Uribe Turbay, el país está consternado y ha recordado la terrible época de los años 90, donde la escala del conflicto era el sinónimo de una Colombia azotada por el terrorismo y aturdida por las balas que salían del estado, el paramilitarismo y el narcotráfico.  

Lo ocurrido el día de ayer es de repudio sin importar las clases políticas o las adversidades que vive el país. ¿Cómo es posible convertir un acto terrorista, en campaña política?, dicen los de oposición la culpa es del gobierno nacional, dicen los del gobierno nacional, la culpa es de la oposición, pero quién determina los verdaderos culpables de los actos terroristas que ponen en riesgo la integridad de los colombianos, pero quiénes son los verdaderos responsables de la polarización en Colombia más que las partes políticas involucradas.  

Hoy hay un adolescente de solo 14 años que disparó el arma asesina, en un país donde la dirigencia se preocupa más por llegar al poder acosta de lo que sea, y no por priorizar a los miles de jóvenes adolescentes que talves por la falta de oportunidades no les queda más que empuñar las armas sin importar el objetivo que sea;  claro el joven es asesino, quien mandó y pagó para disparar el arma es el cerebro asesino, pero quienes inducen a que esos actores tengan la mentalidad asesina, también son responsables de los actos homicidas.  

Los unos hablan de paz, los otros hablan de guerra. La paz no es mostrar la paloma como símbolo inmarcesible, la paz no es cambiar las insignias del escudo nacional, la paz no es recitar poesía en medio de los atentados terroristas. La paz tampoco es decirle a un gobierno guerrillero, ni falsificar a través de la inteligencia artificial, imágenes virtuales infundiendo la muerte de nuestros gobernantes.  

Para que haya paz, primero hay que empezar a desescalar el lenguaje y la tonalidad entre el gobierno y la oposición, entre los seguidores de los diferentes líderes políticos, conjunto a los medios de comunicación y las narrativas ofensivas en las redes sociales. 

Para que por lo menos haya una aproximación de paz, hay que generar encuentros de diálogo primero entre dirigentes, que deben ser el ejemplo de país, donde analicen y reflexionen las consecuencias de una sociedad polarizada, para no devolver a Colombia al recrudecimiento del conflicto tal como se registran en los libros de historia y en el Centro de Memoria Histórica del país, donde  aparece la sanguinaria época de los años 90 de unos procesos electorales en medio de la ola de violencia que atravesaba la nación, y cuyo resultado fue dar de baja a tres precandidatos presidenciales en el mismo año, a causa del  narcotráfico liderado por el temible narcoterrorista jefe del cartel de Medellín Pablo Escobar Gaviria, y del paramilitarismo,  cuyo jefe era Carlos Castaño, quienes hoy aparecen en la historia negra como unos de los más terroríficos delincuentes que ha parido Colombia.  

Los discursos políticos de tarima, en ese entonces estaban perseguidos por la mafia, y los  grandes líderes referentes de la época que aún resuenan sus ideales como los del candidato presidencial  Luis Carlos Galán, Carlos Pizarro, Álvaro Gómez Hurtado, fueron el blanco de las balas asesinas que silenció las voces de una generación política que le daban esperanza a un país sumido a la violenta  guerra de los grupos subversivos, de narcos y paramilitares, que en conjunto de instituciones del estado, incitaban el derramamiento de sangre de una Colombia donde la violencia para los terroristas, era un juego de apuestas para dar de baja a líderes políticos que no lanzaban balas sino palabras en contra del accionar peligroso de los asesinos materiales e intelectuales, pero que les respondían con bombas y disparos para callarlos, y así buscar la impunidad de los crimines que en los años 90,  a la justicia colombiana le era imposible condenar, pues actuaban en complicidad con los delincuentes. 

A esas épocas es impensable devolver a Colombia; todo depende de sus dirigentes y del sentir de la población hacia la amada patria democrática que todos los gobiernos quieren enaltecer, pero que en el ejercicio de lo político la destruyen, poniendo como protagonista la mal llamada polarización entre unos pensamientos y otros, entre el poder particular y el estado, entre gobierno y oposición, y teniendo en el medio a los más de 50  millones de colombianos que merecen vivir en un país donde se resalte la integridad humana, y no la guerra entre ciudadanos. 

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal y no comprometen la línea editorial ni periodística de La Voz de la Región.
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