PUEBLO LABOYANO SIN REFLEXIÓN

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RICARDO_FELIPE_NIETO_

Por: Ricardo Felipe Nieto Pavia

Entré al salón de clases y comencé a hablar de una obra de Maquiavelo «El príncipe», tema que previamente había preparado con entusiasmo sobre los motivos y la finalidad de ésta. Cuando me encontraba explicando con emoción ese aspecto que se puede deducir de su escrito: “El fin justifica los medios”; un estudiante medio dormido me dijo que eso que estaba hablando de qué le sirve, le expliqué cómo los mecanismos políticos actuales utilizan las premisas de Maquiavelo en el ejercicio del poder. Cuando me di cuenta el estudiante se había dormido nuevamente (creo que todavía lo está). Reflexionando sobre lo que dijo salí del salón y caminé un poco desconcertado; pensé en comentarle a alguien   sobre   lo   acontecido.  Fui a   la  cafetería donde me senté a tomar un café, un profesor se  acercó y me saludó, preguntó qué me tenía tan pensativo, y le comenté. Dijo que sí, que a los muchachos de hoy en día no les gusta hacer nada. Pensando en la afinidad con el docente comencé a contarle detalles de la filosofía de Maquiavelo y de lo interesante del tema, el docente bostezó y se disculpó diciendo que siempre fue malo en filosofía y prefería hablar de otras cosas. Doblemente desconcertado terminé mi café y cortésmente me despedí de mi compañero.

Comencé a preocuparme,  pensé  que  el  problema estaba en mi discurso, ¿Será que me había convertido en uno de esos profesores laboyanos somníferos que con su cadencia discursiva, poco a poco, duerme a toda su audiencia? No puede ser, pero si utilizo las famosas TIC y elaboro mis temas con cuidado e investigo  constantemente, inventando  metodologías  para  hacer más atractivos los temas filosóficos. ¿Qué es entonces? Terminaron las clases y decidí caminar por las cercanías de la escuela, por lo decadentes andenes de la “Villa Olimpica”, sin cuidado, pensando en la filosofía, en mis estudiantes de Pitalito, en mis compañeros, en el municipio, en Colombia. En ese momento alguien me sacó de mis meditaciones y dijo, cuidado profe, esos de allá lo tienen visto, como que quieren robarle y  ya sabe; un punto positivo por avisarle.

Efectivamente dos jóvenes me miraban de manera sospechosa, los miré y apartaron la mirada; se enfocaron entonces en una joven que tenían cerca y que estaba distraída buscando algo en el bolso; en un momento se lo jalaron y la dejaron tirada en la acera. Salí detrás de los ladrones, pero mostraron un arma y decidí mejor auxiliar a la joven, ya que lo único que tenía en contra de una bala eran puros argumentos filosóficos, que creo no iban a servir de mucho. Ayudé a la joven y busqué un policía para que le dijera qué tenía que hacer. Seguí mi camino a casa, pensando en muchas cosas, iba a cruzar “La Avenida del Estudiante” cuando una motocicleta casi me atropella, miré el semáforo y estaba en rojo, me molesté y le grité que si iba muy a prisa para ir al hospital o a la morgue (pensé, pero si se quiere ir, pues que se  vaya  solo;  el  problema es que se lleva a otros con  él); pero iba muy rápido para escucharme, mucho menos para pensar. Llegué a mi casa, cené; la tv estaba encendida y me inquieté al ver las noticias de mi pueblo en el que cada día mueren inocentes y en mi mente siguen resonando las palabras del estudiante diciendo ¿para qué sirve la filosofía?

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