PITALITO, MUCHO MÁS QUE UNA CIUDAD BONITA

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    Gerardo Meneses Pitalito mucho más que una ciudad bonita
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    Gerardo Meneses Pitalito mucho más que una ciudad bonita
    Gerardo Meneses

    Por: Gerardo Meneses Claros

    Hace unos días en una entrevista para un medio escrito me preguntaban qué significaba Pitalito para mí, la respuesta se convirtió en una frase que la revista en mención destacó y que al leerla con detenimiento expresa honestamente lo que siento por mi ciudad: “Lo mejor de mis viajes, es regresar a Pitalito, a mi tierra”.

    Podría a sonar a lugar común, pero no lo es. Pitalito tiene el encanto de los pueblos a los que se quiere, no solo por el hecho de haber nacido ahí, sino por lo feliz que uno ha sido ahí. Y en mi caso, esa felicidad siempre ha estado asociada a una de las señas de identidad de los laboyanos: su cultura.

    Haber nacido y haberme criado en Pitalito, rodeado no solo del paisaje y del clima, ya de por sí una bendición, sino de la gente que me tocó en suerte, forjaron en mí al ser humano que soy. Y digo humano en el sentido más estricto del término. Cómo no serlo, si desde niños supimos por la prensa o la radio que la gente que veíamos cotidianamente en las calles o en las casas que visitábamos eran también los artistas que le daban nombre a este pueblo. En mi memoria está doña Aura Muñoz de Vargas, don Teófilo Carvajal Polanía, el maestro Isaías Peña Gutiérrez, El ballet  Alma Huilense y don José Ignacio Olave, el maestro Valencia y los pintores de la época.

    El de Pitalito es un caso particular, que inclusive, aún hoy nos preguntan por él: ¿Qué tiene esta tierra para dar tan buenos artistas? Y yo creo tener la respuesta: somos herederos de un legado que los mayores nos dejaron y que hemos sabido conservar. Como esas casas paternas, amplias y generosas que preferimos mantener a pesar de los años y no dejarlas derrumbar para construir un edificio frío y sin alma, así hemos hecho los artistas de hoy, con la herencia que recibimos ayer. La supimos valorar, la supimos respetar y la supimos conservar. Ni Herman o Mario Ayerbe, ni Aldemar Salinas, ni José Ignacio Trujillo, ni Cecilia Vargas, ni yo, ni tantos otros artistas laboyanos nacimos por generación espontánea; al contrario, somos herederos de un legado.

    Y lo digo con orgullo, con grandeza, sin falsas modestias pero sí con humildad, porque con disciplina, con amor por esta tierra, con honestidad, supimos darle a esa herencia recibida el lugar que le correspondía. Por eso desde Pitalito, y es quizá un fenómeno particular en el mundo, sin tener que abandonar nuestra tierra, hemos llegado al ámbito nacional para darle aún más nombre a esta ciudad que tanto queremos.

    Cerámica, literatura, danza, música y pintura, todo en un mismo territorio. Por eso decimos que Pitalito no solo es una ciudad bonita, es, y seguirá siendo una ciudad culta.

    Y si a la cultura y al arte le agregamos otro de los aspectos que identifican a Laboyos, tendríamos que tener un tratamiento especial para los caballos. Don Chucho Castro, don Gonzalo Ortiz, doña Mercedes Borrero, también por nombrar solo unos, forjaron en este tierra una tradición que se volvió una herencia. Los caballistas de hoy, hace tiempo traspasaron las fronteras regionales y nacionales y constituyen otra de las riquezas de la ciudad. Eso es organización, disciplina, amor por lo que se hace.

    No es que vivimos en un paraíso, tenemos los problemas y las dificultades de cualquier pueblo colombiano, empezando por los politiqueros y gobernantes que  primero piensan en el beneficio económico particular con el dinero público, que en ejercer sus cargos como debe ser. Pero a pesar de todo, de la violencia que nos fue llegando, de las maneras nuevas de vivir, somos una ciudad que tiene en el arte y la cultura una de sus más grandes fortalezas. Y quizá lo mejor falta por venir, porque la semilla sembrada, ya empezó a dar sus frutos.

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