PEDRO ALCALDE Y LA CAÍDA DEL PARTIDO CONSERVADOR

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Por: Luis Felipe Narvaez Galindez

No es normal  que  el  partido  de  gobierno  municipal, encabezado por Pedro Alcalde, en estos instantes no tenga un candidato que se ajuste a la medida de las circunstancias electorales en este 2015.  Más aún, cuando históricamente Pedro se planteó un liderazgo de presente y de futuro en los inicios de su vida política en los 80´s,  con un ideario que primaba las políticas sociales por encima de las obras de cemento.  Él sabía que la única manera de arribar al poder era la vinculación al  Partido  Conservador  y  el uso de su aceitada   maquinaria política. Ha llegado DOS VECES: en la primera, rompió los esquemas y  le ganó de mano al candidato oficial de Pola, en ese entonces era el camarada y ufólogo Ayerbe; en la segunda, la maquinaria conservadora sumada la liberal, volvieron a confiar en él y hoy están en el poder.

En este período electoral,  esas mismas maquinarias “capturadas”  están abandonadas y esparcidas en los diferentes partidos que tiene Pitalito.  Captura instrumental de todos los partidos políticos laboyanos,  que tienen un mecanismo mediante el cual la mayoría de los actores políticos (las clientelas, los contratistas…) pueden penetrar al municipio para ponerlo al servicio de sus intereses privados (Garay, L. 2008).

Premonición: Pedro Alcalde, después del 31 de diciembre del 2015,  se irá al olvido y se refugiará  largo tiempo como el Oso Yogui,  en su casa recién construida (Se volvió pública por Alfa Sur Noticias) (una casa de color grisáceo que no se integra a este valle verde y que dos veces al  año se matiza de color naranja cuando florecen los Cachingos. Esta estética arquitectónica somete a ese espacio natural a una condición depresiva), está al lado de la carretera, con ventanales altos que llaman a ser garitas,  donde se puede observar quien pasa, llega o  se va de Pitalito, en una trama rara del inconsciente de mantener el “control” de la vida laboyana: la ocupación del territorio y  “la arquitectura moderna está estrechamente relacionada con la vigilancia, al estar concebida  como un medio para asegurar la obediencia a quienes tienen  la autoridad” (Guiddens, A. 2009. P. 872);  seguramente, ahí, al sótano oscuro, se llevará al descuartizado  partido Conservador laboyano o lo que quede de él.

 ¿Por qué Pedro Alcalde decide de modo unilateral determinar el hundimiento del partido Conservador sin avalar a uno de sus delfines o coequiperos de toda la vida? Se supone que además de alcalde, es el “jefe natural” del partido Conservador Laboyano (es legal y todos los hacen desde Santos  hasta Petro, lo que es ilegal es hacer política partidista desde el puesto público que ejerce actualmente y utilizar recursos públicos en apoyo a los candidatos),  es ese guiño poderoso del político  que se convierte en señal  para seguir el proyecto, que se supone es una utopía inacabada que debe ser  llevada a cabo por “otro”. Asunto que no sucede.
Hay dos supuestos de la actitud de Pedro hacia su propio partido: una, su posible condición egocéntrica que se mira él en tal grado de perfección que nadie más puede ser superado, por lo tanto ninguno  lo   tiene     merecido   (Ahora pienso, que Gladys  fue más alcaldesa por mérito propio que por el empuje de Pedro, tanto que algunos conservadores de línea dura culpan de modo directo a la no llegada de Gladys a la Cámara por la falta de ese guiño poderoso). La otra, la más dura, se determina por su firme convicción de ser y estar en los  valores cristianos de ser limpio de corazón, respeto, justicia, humildad, integridad, templanza, fe y confianza en Dios en su vida diaria. Alguien muy cercano, me decía,  que  en  una  visita a su casa, Pedro le saco el libro Rojo de Mao, y exultante recitó un proverbio: “¡Debemos ser modestos y prudentes, prevenirnos contra el engreimiento y la precipitación, y servir de todo corazón al pueblo!”(Mao). Es una mixtura ideológica de “cristianomaoismo laboyano”.  A este Pedro,  supe que lo vieron de modo fugaz un día en Madrid,   subido   en   un   andamio   de   construcción siendo obrero (proletario) y tratando de hacerle el quite  a las seducciones que le ofrecía el poder en Colombia. Me imagino que en esos momentos, él, era feliz.
Estos valores contradicen su  praxis que está vinculada  una estructura de poder capturada del municipio (ver segundo párrafo). No se puede ser una persona  y luego ser otra al mismo tiempo, y si es  así,  se genera en su condición psíquica un desgaste  donde se puede caer en depresión. Pedro Alcalde, se encuentra en la mitad de un abismo, sumido en la incómoda posición de aquel impedido  a proteger los compromisos y principios frente a sí mismo;   Su misión final, en los 7 años de gobierno municipal que están por terminar,  ha sido más de  cortejar a las ambiciosas maquinarias partidarias de compromisos privados y egoístas;  que tratar de  realizar el quimérico sueño de justicia social que se revelan en los valores cristianos.

Ante este dilema, no resuelto, prefiere hundir el barco con sus ocupantes para jamás volver a izar sus velas.

Ya veremos.

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