OPINIÓN: Una mezcla peligrosa

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Una mezcla peligrosa

Por: Erickson Julián Castro Sierra

Docente

Hoy sin duda alguna se ratifica una vez más el peligro que, gracias al fanatismo político conjugado con el religioso, han hecho de nuestro país un verdadero escenario de sangre, dolor y olor a muerte.

Leer la historia de nuestra patria y compararla con los sucesos actuales, nos deja una sensación de que no hemos evolucionado; primero esa mezcla de religión y política conllevo a una confrontación entre liberales y conservadores que desato una violencia atroz a lo largo y ancho de nuestro país, torturados, desterrados, huérfanos, viudas,  desaparecidos, amenazas y festejos por algunas muertes colombianas, son   entre otras acciones que acontecieron en el suelo colombiano,  y muchas avaladas por los dirigentes políticos y jerarcas de la iglesia de aquella época, son apenas la cuota inicial de la estigmatización y cultura que hoy tenemos en nuestros hombros e inconsciente colectivo, frases como matar a liberales no es pecado, los comunistas son terroristas, los gays son fenómenos que no quiere Dios, los que hablan y luchan por los derechos son revoltosos, la izquierda es atea, y así podríamos seguir enunciado más ejemplos estigmatizados por nuestra sociedad, gracias al fanatismo, porque ninguna es verdad.

Hoy el panorama es similar para no decir igual, algunos pulpitos de las iglesias son usadas para hacer proselitismo político y persecución, esa combinación religiosa con la política, siembra odios, rencores y resentimientos, no produce ni replica el mensaje cristiano del amor, el perdón y la reconciliación nacional, esto debido a que la paz la politizaron en nuestra sociedad, la función esencial de la religión es sembrar armonía y convivencia social,  algunos ministros religiosos lo han hecho y son multiplicadores de la sana doctrina cristiana para formar ciudadanía con tolerancia, amor y  paz, pero desafortunadamente otros no.

Por otro lado hay que mencionar que algunos dirigentes políticos han aprovechado la fe religiosa para acumular su capital político, es decir, lobos disfrazados de ovejas, que promueven una imagen espiritual y son cizaña pura para captar incautos e ingenuos que caen en las estrategias del odio, la rabia, el estigma y la venganza, y lo promueven a través de engaños, mentiras, difamaciones, calumnias, falsedades y verdades a medias, montajes y noticias añejas que alimentan con un discurso que fortalece la violencia social, la confrontación y la intolerancia, pero se dicen llamar demócratas (suele verse en las redes sociales y algunos pronunciamientos de dirigentes políticos en plazas públicas).

Lo más terrible de todo lo anterior, es que los que ejercen estas prácticas se fortifican por el fanatismo de sus seguidores que, aunque se les diga con evidencias de las  atrocidades cometidas por parte de sus líderes políticos, los siguen apoyando, los defienden y matan por defenderlos, aun sabiendo que sus líderes les han dicho mentiras, que los han engañado y que son culpables del caos social y la corrupción, estos seguidores enceguecidos los arropan por el fanatismo emocional y los eligen como sus voceros y representantes.

Llevamos más de doscientos años eligiendo a los mismos creyendo que algún día legislaran a favor del pueblo, solo me pregunto, ¿así sepamos nuestra propia historia estaremos condenados a repetirla?, ¿nos acostumbramos tanto a la guerra que nos da miedo salir de ella?, ¿hay coherencia al creer en Dios y promover la guerra, el odio y la venganza?, ¿no seremos capaces como sociedad de perdonar las acciones que causaron daños y heridas para lograr construir una nueva Colombia sin guerra?, ¿en una guerra solo hay errores de una de las partes en confrontación?, ¿queríamos que no hubiera más Farc, (quienes tomaron las armas gracias a la exclusión política y social), pero no los aceptaremos en nuestra comunidad como ciudadanos de Colombia?, ¿queremos la paz, pero anhelando la muerte de algunos colombianos?, ¿los creyentes de Cristo son promotores de la reconciliación o de la confrontación?, ¿a quienes en realidad les favorece que haya guerra y no se sepa la verdad?… por ello definitivamente leer la actualidad del país con la visión de un solo lente es perjudicial para el país, pero mucho más creer que solo existe una sola opinión para escuchar, así nos han hecho creer a lo largo de la historia, hoy sabemos que siempre nos han relatado la historia desde una sola orilla, ¿será necesario saber la historia desde otra percepción y sacar conclusiones?

La tesis de sembrar semillas de odio para cosechar paz, es la tesis de un sector de la sociedad que no entiendo como tiene seguidores, no  será mejor sembrar semillas de amor para cosechar paz, es decir, quienes promueven la guerra son seres que carecen de amor, será que la mayoría de colombianos carecemos de amor y por ello lo único que podemos ofrecer es rencor y rabia, por ende, amar al que nos hizo daño no es olvidar el dolor, es aceptar y superar ese suceso con un perdón del alma y reconciliar nuestro espíritu, mientras allá rabia, odio y venganza seremos nosotros quienes estaremos condenados a la inmundicia de la guerra interna de cada ser  (tristeza) y jamás podremos ser felices, el perdón es la herramienta mágica de nuestros corazones para sanar nuestras heridas.

Reconciliémonos con el aquel que nos hizo daño, eso no es humillación, es una lección de vida.

Enseñemos a convivir en medio y con nuestras diferencias, esa es la verdadera pedagogía de paz, seamos incluyentes, tolerantes y realmente democráticos.

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