OPINIÓN: Nuestro papel para construir paz desde la niñez

 

Nuestro papel para construir paz desde la niñez

julian castro

Por: Erikson Julián Castro Sierra

Docente

Admitir que nos hemos equivocado durante años y muy seguramente durante siglos con nuestros niños y niñas, no es un evidencia de derrota, sino más bien una actitud para abrir el camino al cambio, es decir, el papel que durante muchos años han o hemos jugado los adultos con la niñez colombiana, ha conllevado a sembrar en esos corazones que inician a vivir, el resentimiento, la rabia, el rencor, el odio y la venganza que se les inculca desde todos los contextos que interactúa el niño; en su hogar conviviendo con la herencia del machismo, ubicando al hombre por encima de la mujer, oficios de exclusividad femenina, colores estigmatizados, maltratos físicos y psicológicos que la pareja de adultos se expresan mutuamente, insultos y comentarios mal intencionados que generan un ambiente violento que promueve el conflicto entre vecinos, amigos y familia, con comentarios tan desatinados que los niños y niñas observan y digieren en su muy corta edad, donde se  proyectará hacia una preadolescencia en búsqueda de su identidad marcada por la discordia,  ni que decir de lo  que escuchamos en la radio u observamos en la televisión, donde la saturación de violencia, de incitación a la traición en la diversidad musical, de la cultura traqueta, de la dominación a través del poder del miedo mediante el uso de las armas, de la asquerosa actitud de personajes públicos donde avalan el todo vale para alcanzar un fin sin importar el mensaje social como sucede con la mayoría de nuestra generación de políticos, que engañan, mienten y calumnian al opositor, donde la doble moral es el patrón de acción social de la ciudadanía, haciendo que  nuestra propia sociedad se revuelque en la más profunda y nauseabunda  ignorancia, creyendo que la formación y educación se basan en la imposición del otro, y allí es donde nos hemos equivocado, esa transmisión de cultura social hacia nuestra primera infancia hace que se arraigue la guerra, la violencia y la desarmonización de la sociedad, generando un inconsciente colectivo de estar bien sin importar el otro, olvidando la solidaridad, la empatía, la tolerancia y el bienestar común, hemos enseñado que la competitividad no tiene ética ni reglas, lo que importa es el resultado sin interesar si hay triquiñuelas, trampas o ventajas, es así, como se avala la corrupción, el clientelismo, el ojo por ojo, la venganza, el machismo, la mentira y el miedo conjugado a favor de un interés particular, todo traducido a conservar nuestras prácticas sociales heredando a nuestros hijos estas conductas para que sobreviva en un país de ventajosos.

Hasta cuando pararemos de enseñar a nuestros niños y niñas esas conductas que conducen a la violencia, y muy seguramente ninguno de nosotros aceptara que ha enseñado a sus hijos de esa manera, pero tan solo si analizamos nuestros actos y como convivimos no solo en casa sino en todo lugar, de allí partirá que logremos alcanzar y forjar la esperanza de construir una sociedad nueva y saludable para nuestra niñez colombiana sin herencias malditas, ni guerras políticas ni armadas heredadas de nuestros errores por no saber convivir en medio de las diferencias, donde pensar distinto no sea un delito ni sinónimo de muerte, donde se promueva los valores de solidaridad, el respeto, la empatía, la tolerancia y el amor;  aprendiendo  a derrotar el odio, la venganza, el rencor y darle paso a la reconciliación. Esa debe ser la función social de la educación colombiana, de la estrategia de Cero a Siempre y el papel fundamental del ICBF, junto con las figuras públicas, medios de comunicación, agentes educativos, operadores de primera infancia y política pública de todo gobierno, sembrar semillas de paz y armonía social desde los sueños de la niñez colombiana, que la guerra y la violencia solamente vivan en los libros de historia, pero nunca más en los corazones de Colombia.