Las ruinas del Quimbo

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Durante el gobierno del ex presidente Álvaro Uribe Vélez se declaró mediante la Resolución 321 de septiembre 1 de 2008 de “utilidad pública e interés social los terrenos necesarios para la construcción y operación del Proyecto Hidroeléctrico El Quimbo”. De esta forma se le otorgó la concesión a la empresa colombo-española Emgesa sin la consulta ni participación previa de las comunidades adyacentes a la zona de influencia del proyecto, violando los mandatos plasmados en la Constitución Nacional de 1991 y en la Comisión Mundial de Represas (CMR) tratándose de un proyecto de producción y abastecimiento de energía sobre el río Magdalena.

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Desolación y destrucción.

Ahora, cuándo el proyecto es toda una realidad y el llenado dio inicio, éste es el devastador panorama que se observa en la vía que conduce a la Inspección de Veracruz sector rural perteneciente a Rio Loro en el  Municipio de Gigante, zona cacaotera que ya está siendo inundada con la construcción de la Hidroeléctrica El Quimbo. En la Inspección de Veracruz, fueron alrededor de 60 familias las  despojadas de sus tierras, situación que cambio su idiosincrasia, su arraigo y su vida. Aunque 19 de ellas ahora residen en un sector denominado “Nuevo Veracruz”, dicen que fueron despojados y desplazados pues a pesar de las múltiples acciones emprendidas, no lograron el apoyo del Estado colombiano que permitió la realización de ésta obra, que ha dejado a su paso una notoria consecuencia en contra del medio ambiente.

Un nuevo comienzo para estas familias, implica una nueva configuración de territorio y el cambio de las actividades productivas, sociales, económicas y culturales además, la desintegración de familias que han dedicado toda su vida al trabajo en el campo y la pesca y que ahora, esperan continuar en medio del cambio impuesto y el dolor por la tierra perdida.

Árboles y vegetación destruidos así como lo que queda del caserío de Veracruz, es el reflejo claro de las consecuencias del llamado “progreso”, ese que se prometió con la cristalización de la nueva represa, progreso que a juzgar por las imágenes, no se ha hecho presente.

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Un triste panorama se registra en la zona que fue habitada.

Desolación, tristeza, abandono y destrucción natural  y todo, para darle paso a la Represa El Quimbo, que generará solo el 5% de la energía que el país necesita, arrasando con el 100% de la vida natural y cultural de los habitantes de la zona de influencia.

Familias como la de los Sarrias Flórez, es un claro ejemplo de atropello y descomposición de un tejido social inminente con el desarrollo de este proyecto nefasto para el medio ambiente, el sector agrícola, y productivo de los municipios afectados.

Joselín Sarrias pescador con más de 30 años ejerciendo este oficio lamenta la construcción de la Hidroeléctrica así lo manifiesta “Esto es un golpe para nosotros muy duro, porque yo llevaba hasta el 2010, 35 años dedicados y viviendo de la pesca, yo siempre he sido pescador, pescaba desde la Jagua a Puerto Seco, gracias a Dios con ese don sostuve a mi familia”.


Esa vereda no la cambio por ninguna, por la tranquilidad, los vecinos por todo. Nos sacaron así quisiéramos o no, nos sacaron. A nosotros nos engañaron porque cuando firmamos el acta de compensación no nos dejaron claro sobre la reposición a la actividad económica”.

 La tristeza en el rostro de ésta familia es evidente. Lamentan tener que empezar de nuevo habitando una ciudadela pequeña donde no hay espacio para sus animales, donde ya no tienen la manera de pescar, donde ya no está esa vida que se dejó atrás por cuenta de la construcción de El Quimbo. De acuerdo a la restitución que les han prometido, se desarrollara un proyecto productivo agropecuario con los afectados que decidieron vivir en el Nuevo Veracruz a los que hasta ahora no les han entregado las escrituras que los acredite como propietarios de su nueva residencia.

Con las promesas hechas por parte de Emgesa, en medio de un ambiente distinto al que vivieron toda su vida, y con las ya conocidas dificultades que se han presentado con el inicio del llenado de la represa, ésta al igual que el resto de familias, añoran esos años bien vividos, en las tierras que fueron suyas, donde para ser felices bastaba con bañarse en su río en el que ahora, ya no pueden porque sencillamente, es propiedad privada.

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Panorama actual, en la zona de el Quimbo.

Mientras se presenta el llamado desarrollo energético, lo que se aprecia en la actualidad, es la tristeza de las familias, su impotencia porque el Estado nunca los defendió y porque solo les queda vivir del recuerdo mientras observan, las ruinas de El Quimbo.

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