La caficultura sur huilense, del cielo al infierno.

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El fuerte verano que padece gran parte del país, y que según los registros oficiales solo es comparable en intensidad a la sequía que registró  Colombia en el año 1979, es causa de terror en los gremios, instituciones, comunidades y empresarios.

Por: Héctor Fabio Muñoz Figueroa.

Las altas temperaturas, acompañadas de mínimas precipitaciones, fuertes vientos y heladas en las zonas planas están provocando una debacle productiva que amenaza con profundizar aún más la crisis económica, social, ambiental y sanitaria de la región. El café producto insignia de nuestra economía de ladera, reconocido en los últimos años como uno de los mejores del mundo por su calidad, gracias a la benevolente oferta ambiental de nuestro entorno y a las practicas artesanales empleadas en su cultivo y cosecha, no ha sido ajeno al embate de la sequía que para el caso de la región surhuilense inicio a finales de julio pasado cuando las lluvias cesaron su precipitación, los cafetos pese a su rusticidad comprobada presentan un nivel de turgencia mínimo, muchas veces al punto de marchitez y daño celular o muerte de los tejidos fotosintéticos.

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Cafetales vereda Sicandé Timaná.

Todo esto con repercusiones nefastas para las cerca de 37 mil familias surhuilenses que devengan su sustento económico a partir de su cultivo. Expertos aseguran que por causa del fenómeno del Niño, más del 30% de la cosecha cafetera de 2016 está en inminente riesgo de perderse (301.900 cargas de café seco), si a ello se suma que las condiciones climáticas favorecen altas infestaciones de plagas como la arañita roja, minador de hojas y broca, que pueden echar a perder hasta un 15% de la producción, estaríamos en un escenario nada alentador y por ese motivo las afectaciones comprometerán otras 148.734 cargas, que en dinero, suman unos $365 mil millones de pesos, al rededor $9.865230 pesos por cada familia cafetera del sur.

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Durante mucho tiempo, la caficultura ha ido expandiéndose a expensas de bosques, árboles de sombrío (tan necesarios hoy)  y terrenos dedicados a la conservación, muchas veces las zonas de provisión hídrica le han dado paso a este monocultivo que con el paso de los años ha seducido a los campesinos quienes en su meta de crecer como productores, dejaron de lado la costumbre de sembrar hasta sus propios alimentos quedando expuestos a un desabastecimiento e insostenibilidad económica suicidas. La carencia de políticas enfocadas hacia el mantenimiento de la productividad en términos de sostenibilidad y el crecimiento organizado de la caficultura, tienen hoy a toda una región ad portas de la peor de las situaciones.

De continuar la intensa sequía las perdidas pueden representar para la caficultura surhuilense unos $365 mil millones de pesos, y cuando eso suceda tal vez no sean suficientes los subsidios al fertilizante, el pago preferencial de pasillas o el estímulo a la renovación de cafetales, ni mucho menos un paro de cafeteros, será necesaria la adopción de programas estructurales que incluyan la proyección del gremio hacia la preservación del entorno, el desarrollo de programas sociales y la especialización de la producción, pues las improvisaciones y la falsa creencia de bonanzas que se venden como cantos de sirenas, ha sido lo que ha llevado a la región a ser vulnerables y cafedependientes.

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