Éider Arévalo, séptimo en los 20 km marcha del Mundial de Beijing

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Aunque su idea era quedar entre los tres primeros y dar la vuelta de la victoria con el amarillo, azul y rojo a cuestas, se tuvo que conformar con la séptima posición, bastante buena teniendo en cuenta las marcas previas de varios rivales a los que venció.

Minutos después de cruzar la meta, llorando emocionado por su actuación, el bogotano de nacimiento pero huilense de crianza y raíces, le explicó a El Espectador cómo fue la competencia: “Desde el inicio tenía como referencia a los chinos y los japoneses, a Jusuke Suzuki, que tenía la mejor marca del año. Me mantuve en segunda línea hasta el kilómetro 14, cuando me sentí agotado. Traté de regularme y al final me recuperé un poco y este séptimo lugar me deja contento”.

El colombiano reconoció que su objetivo era pelear el podio, “porque he trabajado muy duro para esto”, pero “quedo tranquilo porque di lo máximo que pude”. “Entré llorando al estadio, con la bandera de mis 48 millones de hermanos, porque estoy representándolos a ellos, tras por lo menos ocho meses intensos de preparación. Quedé sorprendido al ver 50 mil personas en las tribunas y me sentí orgulloso de terminar”, admitió.

Para Éider, quien se considera “rolo, opita, huilense y laboyano” (así les dicen a quienes son de Pitalito), el próximo gran objetivo es Río de Janeiro 2016. “Esta fue una gran experiencia. Hay que seguir mejorando, con dedicación y lucha. Siento que voy por buen camino”, señaló con su tradicional amabilidad en la zona mixta del Nido de Pájaro, en el que minutos antes un español amigo suyo, Miguel Ángel López, se había ganado el oro con el que sueña el colombiano de apenas 22 años de edad, un premio que tal vez un día, si sigue así, pueda alcanzar.

Información: El Espectador.
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