Dos meses después de la muerte de Flor Alba Núñez la sensación de censura sigue presente.

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Hoy 10 de noviembre se cumple el segundo mes del fallecimiento de la comunicadora Flor Alba Núñez Vargas, asesinada cuando ingresaba a su lugar de trabajo en la emisora La Preferida FM de Pitalito.

Transcurría una mañana dentro de lo normal, el cubrimiento de las noticias del día y las labores que desempeñaba como docente eran perfectamente combinadas por esta joven profesional que demostraba a diario la tenacidad para ejercer la profesión, en tiempos de malas condiciones laborales para los periodistas de provincia.

Era usual ver a Flor Alba pasear los pasillos de la alcaldía en busca de las noticias, y en su moto a diario junto con José Antonio Guzmán su camarógrafo, buscaban esas informaciones que llamaban la atención de su audiencia. Antes de las 11: 30 de la mañana, se despidió de José Antonio en el Centro Cultural para salir rumbo a la emisora donde atendía sus compromisos informativos, despedida que fue para siempre, pues un sicario esperaba por ella y sin mediar palabra, le disparó y la asesinó.

En ese momento el sicario, hoy  capturado por las autoridades, tal vez nunca imaginó el alcance nacional e internacional de éste penoso hecho que sigue causando sorpresa y dolor entre quienes hacen parte del gremio que hoy, se siente abandonado, censurado, atado de pies y manos, porque a alguien se le ocurrió mandar a matar a una periodista, asesinando los sueños de muchas personas que hoy sienten y me incluyo, un desánimo profundo al no encontrar garantías para el ejercicio de ésta labor.

Los grandes medios nacionales se unieron a nosotros, para a través de sus contenidos repudiar el horrendo crimen, por muchos días, no se habló de otra cosa en los portales informativos que del asesinato de Flor, una muchacha buena que dejó en la puerta de la emisora, su vida entera; la comunidad se preguntaba ¿porque? Que hizo Flor para que tuviera semejante final justamente en la etapa más prometedora de su vida, esa es la pregunta que nos hacemos quienes seguimos creyendo en este oficio y lo desarrollamos a diario, ¿Qué hizo Flor?, acaso informar cualquier hecho informativo ¿es causa de muerte? ¿Qué clase de noticias podemos publicar? ¿Tenemos o no derecho los periodistas de ver el acontecer diario y hablar sobre esos hechos que nos parecen inapropiados o acertados para las regiones?

Preguntas y más preguntas sin ningún tipo de respuesta, a muchos aún nos duele la muerte de la pequeña Flor, como le decíamos, máxime cuando la sensación de zozobra continúa, al no conocerse el nombre del autor intelectual a quien seguramente no le corre sangre por sus venas sino el más profundo odio, como para ordenar un asesinato tan cruel como este. Incertidumbre porque luego de la muerte de Flor, se conoció del atropello y amenazas a varios comunicadores de Pitalito, que hoy no saben si se está o no protegidos, si existen o no, las garantías para el ejercicio de la profesión, y lo peor aún, que pasará con los que estamos presentes,  ¿tendremos acaso que leer el libreto que alguien pretende diseñar para acallar nuestra voz?, el veto a los periodistas, el señalamiento a dedo en contra de algunos comunicadores, la creación de portales web como cuentas en redes sociales y blogger informativos donde desprestigian con nombre propio a muchos de nosotros, solo por haber pretendido salir adelante, estudiar, crear nuestros propios medios de información, o simplemente por no querer leer el libreto, es algo que nos pone a reflexionar sobre el que pasara con nosotros, que dirán las autoridades que harán los gobiernos entrantes, que acciones se tomarán para que la tranquilidad y el respeto hacia los periodistas y comunicadores retorne.

La censura está presente, el dolor también y cuando los medios nacionales de nuevo se unen para mostrar lo que se ha denominado “Pitalito sin Censura”,  en Pitalito los que hacemos frente al diario acontecer, esperamos  que esa pesadilla algún día termine y que el crimen de Flor Alba, no quede en la impunidad.

Por: Gisela Hurtado Celis.

Comunicadora Social

La Voz  de la Región.

 

 

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