Cuando las apariencias engañan

 

 

 

Por: Rodrigo Rojas Garzón

Esta ha sido una buena semana para debatir sobre: La corrupción en las instituciones del Estado, el que hacer del periodista, y la doble moral.

Dice el artículo 12 de la Declaratoria Universal de los Derechos Humanos  dice que nadie será objeto de interferencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra ni a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales interferencias o ataques.

Pero qué pasa cuando las actuaciones en la vida privada son el acabose de la célula madre de una sociedad- la familia,  y afectan el buen nombre  de toda una institución, garante del orden, la constitución, la ley, los derechos,  y hacer cumplir los deberes de todo ciudadano.

No estoy ni favor  ni en contra  del tratamiento que le dio la periodista Vicky Dávila a las pruebas de la información que hicieron parte de su denuncia en contra de la denominada  “Comunidad del anillo”. La publicación del vídeo ya conocido por todos -provocó la renuncia ministro Carlos Ferro , también incentivo al procurador Ordoñez para abrir la investigación formal en contra del ex director de la Policía Rodolfo Palomino quien prefirió renunciar a su cargo.

“Justamente porque el vídeo es solo un eslabón en la cadena. El capitán denunció que sus superiores en la Policía lo habían violado y sometido a la prostitución. Es decir, su testimonio ni empieza ni termina con el vídeo. Hay numerosos indicios sobre los vejámenes que sufrieron él y otros miembros de la Policía. Como suele pasar en estos casos la cuerda se rompe por lo más delgado, los victimarios siguen tranquilos y el que puede terminar saliendo de la Policía es el denunciante”, dice Vicky Dávila en la entrevista concedida al Periodista  Daniel Coronel publicada por la Revista Semana.

Lo cierto es que el periodismo tiene que ser implacable frente a la corrupción en todas sus expresiones, no se puede callar hay que denunciar a  bárbaros que utilizan sus cargos para llenar sus bolsillos, y cuentas bancarias, o para acceder a sus deseos engañosos y apetitos desenfrenados que les hace olvidar hasta de ellos mismos  convirtiéndose ante la opinión pública  en profesionales de la doble morar; y unos camaleones cuando las apariencias engañan.

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