10 de septiembre de 2015; el día en que se sembró el temor entre el periodismo laboyano

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Han pasado tres años desde la muerte de la comunicadora Flor Alba Núñez Vargas, y aunque, el autor material fue condenado, existe aún impunidad frente a quien ordenó el crimen que partió en dos el ejercicio del periodismo en Pitalito.

Por: Gisela Hurtado Celis – @giselahcelis

Sobre las once de la mañana del 10 de septiembre de 2015, un disparó se escuchó a las afueras de la emisora La Preferida, lugar donde trabajaba la periodista Flor Alba Núñez Vargas a quien un sicario acabó con su vida. Flor, entraba a la emisora rápidamente pues tenía la obligación de organizar el material periodístico que había recogido esa mañana para entregarlo en la emisión noticiosa que iniciaba a las 11:30, razón por la que sus acostumbrados afanes, la acompañaban ese día.

Nunca llegó a imaginar que un sicario la esperaba en las afueras de su lugar de trabajo, Flor abría la puerta principal y, en ese momento Juan Camilo Ortiz alias “el loco”, le disparó certeramente en su cabeza, causándole la muerte de manera inmediata.

El vecindario del barrio Cálamo se alarmó y rápidamente corrió la noticia; habían matado a Flor Alba una joven comunicadora quien además del trabajo en radio, se desempeñaba en otros medios de comunicación pues el dinero que ganaba no era suficiente para cubrir sus necesidades entre ellas, el sostenimiento de su familia quien reside aún en la vereda Versalles de Pitalito.

La muerte de Flor Alba causó un dolor indescriptible entre el gremio de comunicadores y periodistas no solo de Pitalito, sino también de toda la región. El actuar periodístico de Flor Alba estaba direccionado al apoyo social y comunitario apoyaba cuanta causa noble conocía; su labor no era propiamente el de destapar escándalos o, generar polémicas, por lo que sus compañeros no han podido encontrar las razones que motivaron tan miserable acción.

Transcurría la campaña política en medio de un tenso ambiente donde, además, se conocieron sobre vetos y señalamientos a varios periodistas que, luego de la muerte de Flor Alba, también fueron intimidados, varios abandonaron la región y nunca más regresaron. Otros, obtuvieron medidas de protección y empezaron a desarrollar un periodismo incluso autocensurado por el temor de ejercer el periodismo libre y, por la falta de garantías para el desarrollo de ésta labor.

El 10 de septiembre de 2015, quedó al descubierto el temor de quienes ejercen el periodismo y, aunque la muerte del también periodista Nelson Carvajal, había ocurrido hacía varios años atrás, la incertidumbre, el dolor, las intimidaciones a varios comunicadores, el cambio de línea editorial de los noticieros, generaron que aumentara el miedo y la desesperanza.

Durante estos tres años vivir sin Flor Alba no ha sido fácil, ejercer el periodismo tampoco. Desde que mataron a Flor, aumentaron las intimidaciones contra los comunicadores, hoy, cualquiera a través de un falso perfil de Facebook, una llamada o un mensaje vía WhatsApp se amenaza, advierte, atemoriza e insulta a quien solo cumple con su trabajo motivado por la misión de informar a las audiencias lo que pasa en la región.

Duele la partida de una joven tan especial como Flor Alba, duele también la censura y la autocensura a la que muchos hemos tenido que apelar con tal de seguir adelante.

Las autoridades actuaron y, el sicario fue condenado a una pena considerable, sin embargo; el autor intelectual, sigue libre, libertad de la que no goza la prensa en la región.

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