¿Nos vamos a seguir matando?

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Erikson Julian Castro Sierra

¿Nos vamos a seguir matando?

Por: Erikson Julián Castro Sierra

Docente.

Luego de soportar con dolor y desesperanza las ultimas noticias que de nuevo proceden de la zona rural y olvidada de Colombia, acerca de los asesinatos y atentados a nuestros campesinos, quienes son los que padecen la inclemencia de la guerra, no queda más que extender un grito desesperado de NO MAS, NO MAS GUERRA, NO MAS SANGRE, respeten la vida, la vida de los defensores de derechos humanos, de líderes comunales y de jóvenes que construyen sueños, de gente que solo quieren contribuir a un nuevo mañana, ellos y nosotros todos merecemos vivir, así no compartamos ideas deben respetarse, son principios básicos de convivencia tolerar y respetar, que feliz fuimos durante unos pocos meses, soldados, guerrilleros y campesinos disfrutaban del territorio sin temor a morir, todos ellos hijos del suelo colombiano, pero hoy me embarga una profunda nostalgia, esa Colombia incluyente, respetuosa, tolerante y democrática  que soñaba, se está desmoronando con actos violentos que bañan de dolor a las comunidades y familias campesinas.

Hoy me derrumba que los amantes de la guerra, del odio y la barbarie continúen logrando sus objetivos, atemorizando y provocando dolor en las regiones, no es justo y ya fue suficiente la sangre que entregaron millones de familia en esta guerra, ese dolor de dejar las tierras, sus muertos y desaparecidos, que pretenden los amigos de la violencia, ¿asesinar a todos los que piensen diferente a ellos y gobernar a quienes se sometan y rindan ante sus pies?, ¿de verdad quieren perpetuar la violencia y no pasar esta página de miseria en Colombia?…

Creo que todos merecemos y podemos vivir en medio de nuestras diferencias, es urgente que exista garantías reales y concretas para ejercer nuestros derechos concebidos en la Constitución Política de Colombia, por ende, desde estas líneas, solicito tanto a los señores y señoras que no refrendaron el acuerdo junto a quienes sí lo hicieron, que con ese mismo ímpetu y fuerza nos unamos y pidamos respeto a la vida, más allá, de las diferencias que hubo o hay, nos une ese gran  anhelo social  de no seguirnos matando, de parar la guerra y que el sonido natural de nuestros campos no los inunde el traqueteo de los fusiles y aviones bombardeando.

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